miércoles, 24 de junio de 2009

Tener o SER

Tener o ser, suele ser para algunos una expresión filosófica, para otros sigue siendo una frase por descubrir. Y es que en medio de la incertidumbre que nos deja el consumismo y el deslumbramiento tecnológico de los últimos años, el ser humano, como tal, continúa en la búsqueda de superación personal. Y esto lo hace pese a la lucha, que algunas veces se torna interna, dentro de la sociedad de consumo en la que vivimos, que nos ha hecho creer que ser es tener, y que es indispensable adquirir muchas cosas para ser, como si el individuo que no posee nada no fuera nadie. Así, nuestra presencia en el mundo y nuestra trascendencia se marca entre estos dos modos de encarar la vida.

Tener o ser puede significar la diferencia entre ser un hombre normal y uno con poder, por ejemplo. Como concepto, el poder ha significado la tenencia de algo que pone a un ser humano por encima del resto; esto que antes era magnificado hasta llevarlo a la expresión de la divinidad, sigue siendo un síndrome que conmueve a todos los seres humanos.

Cuando uno convive con una persona, sea por el vinculo del matrimonio o el mutuo deseo de vivir junto a una pareja, uno de los mayores problemas tiene que ver con el conjunto de ideas y expresiones que como un todo, la cultura, surge en medio de la relación, unas veces para unirlos, las mas para expresar las diferencias y al ser como distinto uno del otro. Dicen los terapeutas que aquí son necesarios conjugar dosis de amor y voluntad para poder sacar adelante una relación, por lo mismo, la convivencia misma. Expreso mis cordiales dudas, pero ese no es el tema. El tema en cuestión, tiene que ver con la expresión cultural, con su idea y su relación con la sociedad.

Cuando educamos a un niño muchos padres, inconscientemente, traen a su relación filial el mismo tipo de relación que en su momento tuvieron con sus propios padres. Aunque parezca increíble, esto es normal. Otros, expresan sus miedos y temores en la relación con sus hijos; expresión de estos suelen ser el autoritarismo y la permisividad, ambos convertidos en polos desvinculantes en un proceso de educación. Si nos preguntáramos, ¿Qué nos lleva a educar a un niño?, la respuesta inmediata seria, el deseo de hacer de él un hombre de bien para la sociedad; porque si es así, lo es para sí mismo. Por lo mismo, Felicidad y Bien Común no deberían ser incompatibles.

Lamentablemente, para algunos padres educar es lo mismo que el ejercicio del poder: “Si haces lo que yo quiero te premio, sino te castigo”. Castigo que puede llegar incluso al maltrato físico, sin obviar el psicológico que afecta la autoestima del niño. Como el ejercicio del poder también implica “Que te deje hacer lo que tú quieras, mientras no me molestes”; de esta manera la permisividad abre paso a la “vista gorda”. Así, enseñamos que “Mientras no nos vean o no fastidiemos a nadie”, la norma puede ser dejada de lado; cambie norma por ley y sepan lo que estamos cultivando como cierto y normal.

El niño para aprender a convivir en sociedad, necesita de reglas claras; la sociedad también.

Cuando elegimos un Gobierno, solemos conjugar muchas cosas: la experiencia, el carisma del candidato y más de las veces hacemos un enunciado negativo de los otros candidatos respecto del de nuestra elección, lo que no nos permite visualizar el cómo y el porqué nuestro candidato significa una real opción de gobierno y no solamente una buena figura de gobierno; así, solemos dejar de tener en cuenta que, al final, se gobierna con ideas y no con poses ni sonrisas.

En medio de la crisis financiera mundial, en nuestro país se abre paso una crisis política; crisis política que pone de manifiesto la carencia de cuadros políticos y profesionales capaces de gestionar el país, en medio de un cuadro que nos muestra: crisis externa, caída de las exportaciones, un nivel record de reservas, un sólido sistema financiero y un crecimiento continuo de más de 8 años que nos presenta ante el mundo como un Milagro Económico para estudiar.

La crisis política actual es una crisis de la Clase Política, y no solo del Gobierno como algunos la quieren presentar. La crisis de Gestión si es una crisis de Gobierno; porque pone de manifiesto que por incapacidad política, el viejo esquema del Estado botín, el Estado no cuenta a nivel de Gobierno con los mejores cuadros profesionales del país, y esto, en un país pobre como el nuestro, si no es un crimen solo tiene otro nombre: CORRUPCIÓN.

Tener o ser. Tener un buen Gobierno o ser un buen Gobierno. Tenerlo significa la opción democrática de elegir; serlo significa la opción democrática de participar en él, sea a través de la estructura política o de la gestión profesional a nivel de Gobierno.

Por todo lo anterior, y por el bien del país, ha llegado la hora de renovar la Clase Política, para convertirla en una Clase Política Dirigente para la Nación. Solo así podremos gestionar el Gobierno con un norte previsible; solo así podremos resolver los problemas que aquejan y dividen al país. La lucha contra la pobreza y por la inclusión social, es un imperativo de la historia; la crisis política actual nos demuestra no solo falta de representatividad social sino también el reclamo justo de los pueblos olvidados de la nación. Entendamos de una vez por todas, que la Globalización como la Educación, empieza primero por casa.