sábado, 4 de julio de 2009

Honduras y la crisis del Hortelano

Una crisis política sacude Honduras y, acaso sin pretenderlo, el país centroamericano ha puesto en jaque a la OEA y a la democracia latinoamericana.

Honduras vive en estos momentos una interrupción democrática, propiciada por el derrocamiento de su Presidente Constitucional, Manuel Zelaya. Lo que llama la atención, es que el levantamiento militar recibió el apoyo de los otros poderes del Estado. Así, el país centroamericano con estos sucesos nos devuelve a tiempos que se creían olvidados en América Latina. Por lo menos, eso es lo que parecía. El hecho que propicio la sonada golpista fue el empecinamiento del Presidente hondureño en llevar a cabo una consulta popular a fin de convocar a una Asamblea Constituyente para modificar la prohibición de la reelección inmediata en Honduras.

Acorde con la Carta Democrática Interamericana de la cual Honduras como país miembro de la OEA es signatario, el Consejo Permanente del organismo continental ha conminado a los golpistas a deponer su actitud y restaurar el orden democrático y el estado de derecho, so pena de aplicar las sanciones que corresponden al desacato de la misma.

Por irónico que parezca, los golpistas han cuestionado al gobierno derrocado por su apego a la corriente Alba y a Chávez, claro que sin llegar al extremo de otros, que lo culpan de sus letargos para tomar decisiones y hasta para dejar de asumir las consecuencias de las mismas. En todo caso, esta es una inmejorable oportunidad, ahora que soplan aires nuevos desde la diplomacia estadounidense, para enfrentar sin titubeos esta situación, lo que quedara como un precedente para los que añoran los tiempos en que el golpismo alentaba los negocios en América Latina.

Las posiciones que se discuten en Honduras, dejan entrever una polarización entre dos corrientes, que dicen cada una representar y defender los intereses de los pueblos. Estas corrientes vendrían a tener, ideológicamente, sus pares en cada uno de los países Latinoamericanos, por lo mismo, en Honduras, más allá de un anecdótico golpe contra el sistema democrático, son muchas más cosas las que están en juego.

Para entender un poco lo que sucede, solo habría que mencionar dos temas, ambos de la órbita nacional. Y digo órbita, porque hay algunos que empiezan a tener delirios o están apostando por una carrera espacial a la peruana para vivir en la luna.

El primero tiene que ver con el manejo económico de nuestro gobierno, empeñado como esta en demostrar que todo lo que sucede mal se debe a un supuesto complot internacional contra la democracia peruana y no la falta de interés en la toma de decisiones anticrisis en el país. Y es que valgan verdades, la desaceleración del crecimiento, no solo ha sorprendido a propios y extraños, sino peor, parece haber dejado en estado de shock a más de una de nuestras autoridades. Y, aunque parezca irónico decirlo, la indiferencia se junto con la desidia y la incapacidad para marcar el actual estado de cosas. Y eso en economía también se paga.

Muchos críticos, desde diversas corrientes, insisten que en el fondo hay una confianza extrema en que el impacto de la crisis internacional sobre nuestra economía será pasajero y que, por lo mismo, esta volverá a su cauce creciente apenas el panorama internacional defina un nuevo norte. Este pensamiento optimista cojea por varios puntos. Uno de ellos, sino el principal, es que lejos de llevar la economía a nuevos cauces que no la hagan depender, como en periodos anteriores, del vaivén en los precios de los minerales, lejos de ello los burócratas pasivos y sus pares políticos, continúan jugando a mantener nuestra oferta primaria exportadora. Si los precios de los minerales continúan al alza por la creciente demanda de las economías emergentes como China, India y Pakistán en buena hora, pero eso no debe significar quedarnos ahí y esperar que eso siempre ocurra. Pensar así no abona para el futuro. Y lo que es peor, tampoco es el camino correcto si pensamos en el largo plazo y en las generaciones que nos precederán. La crisis de Gestión en el Gobierno es una alarma que se siente en todo el país, y solo los miopes y los interesados ni la ven ni escuchan.

El segundo tiene que ver, con la complacencia con que algunos piden defender el sistema de los que quieren destruirlo. Pero acaso nos hemos preguntado, ¿Quiénes son los que luchan contra el sistema?, por lo mismo ¿Quiénes son los “antisistema”?

En los tiempos aurorales del aprismo, este decía luchar por los trabajadores manuales e intelectuales; reclamaba representar al pueblo, por lo que no era raro escuchar llamarse a sí mismos “El Partido del Pueblo”. La confrontación de la época era contra la oligarquía. El paso de nuestros abuelos por las “catacumbas” y la persecución histórica sufrida correspondía a su lucha contra el sistema; los apristas, en su época auroral, eran los “antisistema”. Que algunos no lo sepan o lo olviden ahora no es casual, más bien para decirlo en palabras de Víctor Raúl: resulta un olvido inmoral.

A través de nuestra historia hemos vivido muchos enfrentamientos políticos, ejemplares unos y anecdóticos otros, pero cada uno a su estilo ha marcado la confrontación de su tiempo. Así ha sido y así será. Esta lucha dialéctica se ha dado como germen de enseñanza y desarrollo de la cultura democrática del país, y hacia ella debemos seguir encausando las diferencias que hoy coexisten. Bush antes y Honduras ahora, nos enseñan los caminos que no deben seguirse; ni “asustar” con viejos temores, ni cambiar la voluntad expresada democráticamente por el pueblo tratando de llevarla hacia intereses particulares o de grupo. Así podremos hacer mas solida nuestra conciencia democrática y el sentir de nuestro pueblo se encausara por esta para resolver los grandes problemas del país así como las situaciones que aun nos mantienen divididos como nación.

Que el Estado no haya resuelto de manera eficiente los problemas del país en estos años de crecimiento sostenido; eso solo lo hacen los que no quieren que el sistema funcione. Esto es cierto aquí y en la China. Que algunos gobiernos regionales hayan hecho lo mismo, solo significa que, como decía Marx, los sepultureros del sistema están dentro del mismo sistema. Por lo mismo, un Estado ausente o dilatante para solucionar problemas y que encima solo ofrece justicia y seguridad, dependiendo de tu nivel de influencia política o social, solo termina siendo un Estado “antisistema”, porque no ofrece ni resuelve los verdaderos problemas del país y de la nación toda.

Finalmente, Honduras nos está dejando muy en claro que en algunos modelos la democracia económica es incompatible con la democracia política, por eso patea el tablero de la legalidad y con él al sistema que lo sostiene. Un buen ejemplo para nuestra clase política que tiene la obligación de entender que no basta reclamarse representación nacional, si no deja de lado el compadrazgo y los intereses de grupo. Hay una sociedad emergente que reclama ser representada; Arequipa, Andahuaylas y Bagua son alertas en el camino de la democracia. No permitamos que los enemigos del país, utilicen a este para hacer su faenón; la democracia no la representan los intereses de un grupo, la representamos todos los peruanos que queremos ser tratados como iguales. Esa y no otra es la manera de hacer que la lucha entre el sistema y el “antisistema”, solo favorezca a los intereses del país y la nación.