Para los sociólogos el tema de la Autoridad, va de la mano con la legitimidad, pero no solo con ella. Y esto porque también es una de las representaciones del Poder. Algunos autores afirman que el concepto enjuicia la capacidad del poder para obtener obediencia sin recurrir a la violencia o a la amenaza de ella, de manera tal que la existencia de un consenso entre los miembros de un Estado legitima de hecho la autoridad del que posee el poder, por legitimidad racional o justificación ética. Honduras es un buen ejemplo, se ejerce el Poder pero la autoridad no es legítima.
En nuestro país a la crisis política, que aunque con matices aun no baja su intensidad, le sobrevive una profunda crisis de Gestión en los más altos niveles del gobierno que, de no resolverse, lentamente incubara una nueva crisis política que puede tornarse inmanejable. Y es que uno se pregunta, una y otra vez, que es lo que viene sucediendo con el manejo de nuestra economía, que lentamente se viene apagando sin que nadie, en los niveles de gobierno, se dé por enterado.
Como algunos tecnócratas solo les importan cifras, ahí les van algunas hechas públicas por el INEI, para ver si esto los saca de su letargo: Las exportaciones han caído en 30.18%, de ellas las tradicionales lo hacen en -31.34% y las no tradicionales en -26.38%; las importaciones han caído 41.27%, siendo significativa la caída en Bienes de Consumo -21.12%, Materias Primas y Bienes Intermedios -51.27% y Bienes de Capital -32.91%, como para enfriar a los que creían, o querían, que el dólar subiera su cotización frente al nuevo sol. Y así podríamos seguir con más datos que evidencian un enfriamiento de nuestra economía: el consumo eléctrico y las ventas de cemento nos indican lo mismo; aunque no estamos como el resto de países en América Latina, nuestra economía se ralentiza, con todos los efectos que eso significa.
Y en medio de todo, y como para sembrar más incertidumbre, el MEF rebajo por tercera vez consecutiva, su pronóstico de crecimiento para el año, a 3%.
Parecería una tontería decirlo, pero muchos tecnócratas no alcanzan a entender que la crisis financiera internacional es un proceso que continua activo, y que es inevitable que su efecto de todas maneras llegue a nuestras costas. Por eso es hora de actuar, la parsimonia y la indiferencia no nos lleva a ninguna parte.
El otro día escuchamos a un despistado funcionario que está dejando su cartera este fin de semana, decirnos que la caída de precios es una buena noticia para los peruanos. Claro, pero lo que no nos dice, suponemos porque lo ignora, es que una caída generalizada de precios lo único que refleja es la falta de demanda en el mercado. Y eso en economía se llama deflación. Algo más terrible que la inflación porque afecta no solo a los precios sino al mismo aparato productivo; por lo mismo, si el mercado contrae su demanda, las empresas producen menos y rebajan su producción y el empleo.
De todo esto resulta, que finalmente estamos pagando el tener en el gobierno a gentes que creen que el mercado lo soluciona todo y que, por lo mismo, no falla nunca. De allí que lo único que deberíamos tener y exigir es paciencia y esperar que todo se solucione por generación espontanea. Pedir u obrar en contrario es contraproducente para las neuronas de algunos y puede hasta ser acusado de ser parte de un complot contra el país o, de puro envidioso, buscar que el gobierno fracase. Faltaba más.
Después de los sucesos de Bagua, una sensación de desgobierno se ha acumulado junto con el desgaste político que se origino. Para algunos lo que está en juego ahora, es el llamado principio de autoridad, por ello hay quienes demandan mano firme y represión del Estado contra toda protesta o intento de llevarla a cabo; hay quienes sienten que el sistema se hace vulnerable, y que algunos solo intentan patear el tablero apenas se les presente la menor oportunidad. Por ello se levantan para reclamar posiciones firmes en el Estado y a nivel de gobierno.
Finalmente, asistimos a la llegada del tercer gabinete en el segundo gobierno aprista. Se hace necesario que el nuevo no repita los errores de los anteriores, y que por ello, no se dedique a prometer por prometer para así postergar las decisiones que deban tomarse en el país, como una manera de acallar las protestas sociales que se siguen acumulando sin que nadie alcance una solución a las mismas. El gobierno no debe olvidar que tiene una autoridad legítima para gobernar. Pero sobre todo, que gobernar significa varias cosas. Una de ellas tiene que ver con efectivizar propuestas de desarrollo para el país, para lo cual, deberá explicar y concordar con los ciudadanos que afecte según la realidad concreta que origine la polémica de su decisión. Gobernar es tomar acción y decidir, pero también es educar, y al hacerlo hay que enseñar democracia. Después de años de crecimiento continuo, es natural y hasta necesario que quienes perciben que el desarrollo del país no los beneficia, se lo hagan saber a quienes gobiernan, para que se tomen las medidas correctivas en ese sentido. Por ello, si el reclamo es justo debe ser atendido, y no continuar dilatando su solución. Es mejor negociar y pactar una solución a los problemas, que dilatar su solución o peor, enfrentar las justas protestas sociales. Porque si quienes tienen la autoridad no muestran interés real para resolver los problemas, para algunos solo quedara el camino de la confrontación, con el problema social que esto trae y significa. Por esto, se hace urgente para el país y el gobierno, recuperar el combate a la exclusión social como prioridad nacional. Y la mejor manera de hacerlo, debería ser replanteando el llamado Plan Anticrisis. Se necesita que el Estado eleve su nivel de gasto en los servicios de Salud y Educación; que se apoye realmente la descentralización del aparato publico nacional y su manejo de la inversión; que se priorice el empleo temporal masivo, que se apoye a los ganaderos y agricultores afectados por la crisis; que se reorienten recursos a la Pymes; que se piense seriamente en bajar el IGV; es urgente y necesario reactivar la demanda interna. No esperemos que el fenómeno del Niño termine por convencernos recién que la crisis internacional, como la gripe, ya está entre nosotros. La Gobernabilidad del pais esta en juego.
En nuestro país a la crisis política, que aunque con matices aun no baja su intensidad, le sobrevive una profunda crisis de Gestión en los más altos niveles del gobierno que, de no resolverse, lentamente incubara una nueva crisis política que puede tornarse inmanejable. Y es que uno se pregunta, una y otra vez, que es lo que viene sucediendo con el manejo de nuestra economía, que lentamente se viene apagando sin que nadie, en los niveles de gobierno, se dé por enterado.
Como algunos tecnócratas solo les importan cifras, ahí les van algunas hechas públicas por el INEI, para ver si esto los saca de su letargo: Las exportaciones han caído en 30.18%, de ellas las tradicionales lo hacen en -31.34% y las no tradicionales en -26.38%; las importaciones han caído 41.27%, siendo significativa la caída en Bienes de Consumo -21.12%, Materias Primas y Bienes Intermedios -51.27% y Bienes de Capital -32.91%, como para enfriar a los que creían, o querían, que el dólar subiera su cotización frente al nuevo sol. Y así podríamos seguir con más datos que evidencian un enfriamiento de nuestra economía: el consumo eléctrico y las ventas de cemento nos indican lo mismo; aunque no estamos como el resto de países en América Latina, nuestra economía se ralentiza, con todos los efectos que eso significa.
Y en medio de todo, y como para sembrar más incertidumbre, el MEF rebajo por tercera vez consecutiva, su pronóstico de crecimiento para el año, a 3%.
Parecería una tontería decirlo, pero muchos tecnócratas no alcanzan a entender que la crisis financiera internacional es un proceso que continua activo, y que es inevitable que su efecto de todas maneras llegue a nuestras costas. Por eso es hora de actuar, la parsimonia y la indiferencia no nos lleva a ninguna parte.
El otro día escuchamos a un despistado funcionario que está dejando su cartera este fin de semana, decirnos que la caída de precios es una buena noticia para los peruanos. Claro, pero lo que no nos dice, suponemos porque lo ignora, es que una caída generalizada de precios lo único que refleja es la falta de demanda en el mercado. Y eso en economía se llama deflación. Algo más terrible que la inflación porque afecta no solo a los precios sino al mismo aparato productivo; por lo mismo, si el mercado contrae su demanda, las empresas producen menos y rebajan su producción y el empleo.
De todo esto resulta, que finalmente estamos pagando el tener en el gobierno a gentes que creen que el mercado lo soluciona todo y que, por lo mismo, no falla nunca. De allí que lo único que deberíamos tener y exigir es paciencia y esperar que todo se solucione por generación espontanea. Pedir u obrar en contrario es contraproducente para las neuronas de algunos y puede hasta ser acusado de ser parte de un complot contra el país o, de puro envidioso, buscar que el gobierno fracase. Faltaba más.
Después de los sucesos de Bagua, una sensación de desgobierno se ha acumulado junto con el desgaste político que se origino. Para algunos lo que está en juego ahora, es el llamado principio de autoridad, por ello hay quienes demandan mano firme y represión del Estado contra toda protesta o intento de llevarla a cabo; hay quienes sienten que el sistema se hace vulnerable, y que algunos solo intentan patear el tablero apenas se les presente la menor oportunidad. Por ello se levantan para reclamar posiciones firmes en el Estado y a nivel de gobierno.
Finalmente, asistimos a la llegada del tercer gabinete en el segundo gobierno aprista. Se hace necesario que el nuevo no repita los errores de los anteriores, y que por ello, no se dedique a prometer por prometer para así postergar las decisiones que deban tomarse en el país, como una manera de acallar las protestas sociales que se siguen acumulando sin que nadie alcance una solución a las mismas. El gobierno no debe olvidar que tiene una autoridad legítima para gobernar. Pero sobre todo, que gobernar significa varias cosas. Una de ellas tiene que ver con efectivizar propuestas de desarrollo para el país, para lo cual, deberá explicar y concordar con los ciudadanos que afecte según la realidad concreta que origine la polémica de su decisión. Gobernar es tomar acción y decidir, pero también es educar, y al hacerlo hay que enseñar democracia. Después de años de crecimiento continuo, es natural y hasta necesario que quienes perciben que el desarrollo del país no los beneficia, se lo hagan saber a quienes gobiernan, para que se tomen las medidas correctivas en ese sentido. Por ello, si el reclamo es justo debe ser atendido, y no continuar dilatando su solución. Es mejor negociar y pactar una solución a los problemas, que dilatar su solución o peor, enfrentar las justas protestas sociales. Porque si quienes tienen la autoridad no muestran interés real para resolver los problemas, para algunos solo quedara el camino de la confrontación, con el problema social que esto trae y significa. Por esto, se hace urgente para el país y el gobierno, recuperar el combate a la exclusión social como prioridad nacional. Y la mejor manera de hacerlo, debería ser replanteando el llamado Plan Anticrisis. Se necesita que el Estado eleve su nivel de gasto en los servicios de Salud y Educación; que se apoye realmente la descentralización del aparato publico nacional y su manejo de la inversión; que se priorice el empleo temporal masivo, que se apoye a los ganaderos y agricultores afectados por la crisis; que se reorienten recursos a la Pymes; que se piense seriamente en bajar el IGV; es urgente y necesario reactivar la demanda interna. No esperemos que el fenómeno del Niño termine por convencernos recién que la crisis internacional, como la gripe, ya está entre nosotros. La Gobernabilidad del pais esta en juego.