Hace algunos años, era común ver como los ancianos, al conversar con los jóvenes y los niños, les transmitían experiencias y conocimientos. Esto que es un proceso normal en las sociedades, las ciencias sociales la denominan endoculturación. Así, la sociología y la antropología estudian esta experiencia como el aprendizaje parcialmente conciente y parcialmente inconsciente a través del cual la generación de más edad incita, induce y obliga a la generación más joven a adoptar los modos de pensar y los comportamientos que le son tradicionales a la cultura.
Por irónico que parezca, hoy en día, en ninguna parte del mundo existen ancianos que pudieran saber o conocer lo que los niños actuales ya saben; y esta aseveración es válida para cualquier sociedad, no importa ni su desarrollo tecnológico ni su ubicación espacial en el más remoto lugar del planeta.
Si bien es cierto en el pasado siempre había ancianos que sabían más que cualquier niño en razón de su experiencia en el seno de un sistema cultural, hoy en día no los hay. Y esto es así, porque ya no se trata solo de que los padres ya no sean guías, sino de que ya no existen guías; una corriente que se puede ver en cualquier país. No hay ancianos que sepan lo que saben las personas educadas en los últimos veinte años sobre el mundo en que nacieron. A esto se le ha denominado, y con razón, el Abismo Generacional.
Y esto puede verse de varias maneras cuando ocurre. Cuando en las empresas se empiezan a renovar los cuadros gerenciales y de mando medio, suele ocurrir que, cuando se potencian los cuadros que se tenían en la organización sin la debida capacitación para los nuevos puestos, estos “chocan” con la visión profesional que traen los que reclutamos del exterior. Una experiencia que, por lo traumática, suele enfrentar diferentes modelos de gestión y de visión profesional, con las consecuencias que esto termina significando en la estructura organizacional de la empresa y en su ámbito de cultura y nivel de conocimiento alcanzado. Ni que decir de los problemas que esto puede generar al interior de la misma.
Los modelos empresariales familiares nos traen casos parecidos. En los últimos tiempos, por ejemplo, hemos asistido a la renovación generacional en dos de los más importantes grupos empresariales peruanos: el Grupo Brescia y el Grupo Romero, sin que ello produjera un cambio significativo en las estructuras de sus empresas; como si ocurrió con otros grupos empresariales, como Bentín o Wiese en su momento. Así, la cultura empresarial pudo traspasarse de una generación a otra sin que ello significara un cambio o movimiento significativo en los cuadros de dirección de las empresas de los Grupos económicos citados.
En las familias obreras suele suceder lo mismo. Lo he visto directamente en las minas. Miles de familias conviven en los socavones de las principales minas peruanas, convirtiendo el trabajo en las minas, en una suerte de trabajo familiar. Y esto es así, porque por desarrollo cultural, se sienten incapaces de dar el salto generacional para convertir a las futuras generaciones en técnicos y profesionales en otras ramas del conocimiento; de esta manera, el Abismo Generacional se manifiesta aquí como exclusión social.
En el medio político se da otro tanto. Los partidos políticos han sido incapaces de formar cuadros políticos de dirección, ya no solo para dirigir al país, sino inclusive ni siquiera para dirigir a sus propios partidos y así darles continuidad política y organizacional; ni que decir de la continuidad democrática que deberían alcanzar para poder transmutarla a la sociedad. El necesario cambio generacional se ha convertido para muchos en un abismo insalvable, con las consecuencias que ello trae para la continuidad democrática del país y la sociedad que debería sustentarse en los mismos.
Hasta aquí los enunciados nos dicen muy claro lo que viene sucediendo en el mundo, al mismo tiempo nos dan una alerta de lo que puede suceder a futuro. La era de la información y el conocimiento está abriendo abismos infranqueables, ya no solo entre países, sean estos pobres o ricos; entre culturas y asociaciones sin fines de lucro; entre comunidades nativas y sociedades anónimas; entre transnacionales y multinacionales; entre los que accesan de manera libre a la información y al avance de la tecnología y la informática; sino también entre las generaciones de los mismos países. Tenemos que estar alertas para que esta diferencia no afecte la relación de los países, de las naciones y los pueblos; las generaciones del futuro no pueden ni deben perder de vista de donde vienen: el origen de sus culturas y de sus pueblos.
Finalmente, si dejamos que el avance de la tecnología camine sin un rumbo definido por el hombre, y no aprendemos a manejarlo a favor del desarrollo de la humanidad toda; si no controlamos la velocidad con la que se maneja la información y seguimos “dependiendo” de la internet, en la creencia que el acceso a ella es la panacea a los problemas de comunicación en el mundo; podemos no solo dejar abierto un abismo en el mundo, sino peor, podemos hacer que el Abismo Generacional se convierta en un avance sin retorno, sin fuentes y sin historia. Así, la diferencia formativa, intelectual y de información y manejo de la tecnología que ya podemos notar desde nuestros hogares, a la larga afectara a la sociedad, las culturas y sus pueblos, las naciones y los países. Preparémonos para que el desarrollo tecnológico sirva a la causa del hombre en el mundo; una causa noble que nos sirva para acabar con el hambre y la pobreza material, económica y espiritual que nos abate.
Por irónico que parezca, hoy en día, en ninguna parte del mundo existen ancianos que pudieran saber o conocer lo que los niños actuales ya saben; y esta aseveración es válida para cualquier sociedad, no importa ni su desarrollo tecnológico ni su ubicación espacial en el más remoto lugar del planeta.
Si bien es cierto en el pasado siempre había ancianos que sabían más que cualquier niño en razón de su experiencia en el seno de un sistema cultural, hoy en día no los hay. Y esto es así, porque ya no se trata solo de que los padres ya no sean guías, sino de que ya no existen guías; una corriente que se puede ver en cualquier país. No hay ancianos que sepan lo que saben las personas educadas en los últimos veinte años sobre el mundo en que nacieron. A esto se le ha denominado, y con razón, el Abismo Generacional.
Y esto puede verse de varias maneras cuando ocurre. Cuando en las empresas se empiezan a renovar los cuadros gerenciales y de mando medio, suele ocurrir que, cuando se potencian los cuadros que se tenían en la organización sin la debida capacitación para los nuevos puestos, estos “chocan” con la visión profesional que traen los que reclutamos del exterior. Una experiencia que, por lo traumática, suele enfrentar diferentes modelos de gestión y de visión profesional, con las consecuencias que esto termina significando en la estructura organizacional de la empresa y en su ámbito de cultura y nivel de conocimiento alcanzado. Ni que decir de los problemas que esto puede generar al interior de la misma.
Los modelos empresariales familiares nos traen casos parecidos. En los últimos tiempos, por ejemplo, hemos asistido a la renovación generacional en dos de los más importantes grupos empresariales peruanos: el Grupo Brescia y el Grupo Romero, sin que ello produjera un cambio significativo en las estructuras de sus empresas; como si ocurrió con otros grupos empresariales, como Bentín o Wiese en su momento. Así, la cultura empresarial pudo traspasarse de una generación a otra sin que ello significara un cambio o movimiento significativo en los cuadros de dirección de las empresas de los Grupos económicos citados.
En las familias obreras suele suceder lo mismo. Lo he visto directamente en las minas. Miles de familias conviven en los socavones de las principales minas peruanas, convirtiendo el trabajo en las minas, en una suerte de trabajo familiar. Y esto es así, porque por desarrollo cultural, se sienten incapaces de dar el salto generacional para convertir a las futuras generaciones en técnicos y profesionales en otras ramas del conocimiento; de esta manera, el Abismo Generacional se manifiesta aquí como exclusión social.
En el medio político se da otro tanto. Los partidos políticos han sido incapaces de formar cuadros políticos de dirección, ya no solo para dirigir al país, sino inclusive ni siquiera para dirigir a sus propios partidos y así darles continuidad política y organizacional; ni que decir de la continuidad democrática que deberían alcanzar para poder transmutarla a la sociedad. El necesario cambio generacional se ha convertido para muchos en un abismo insalvable, con las consecuencias que ello trae para la continuidad democrática del país y la sociedad que debería sustentarse en los mismos.
Hasta aquí los enunciados nos dicen muy claro lo que viene sucediendo en el mundo, al mismo tiempo nos dan una alerta de lo que puede suceder a futuro. La era de la información y el conocimiento está abriendo abismos infranqueables, ya no solo entre países, sean estos pobres o ricos; entre culturas y asociaciones sin fines de lucro; entre comunidades nativas y sociedades anónimas; entre transnacionales y multinacionales; entre los que accesan de manera libre a la información y al avance de la tecnología y la informática; sino también entre las generaciones de los mismos países. Tenemos que estar alertas para que esta diferencia no afecte la relación de los países, de las naciones y los pueblos; las generaciones del futuro no pueden ni deben perder de vista de donde vienen: el origen de sus culturas y de sus pueblos.
Finalmente, si dejamos que el avance de la tecnología camine sin un rumbo definido por el hombre, y no aprendemos a manejarlo a favor del desarrollo de la humanidad toda; si no controlamos la velocidad con la que se maneja la información y seguimos “dependiendo” de la internet, en la creencia que el acceso a ella es la panacea a los problemas de comunicación en el mundo; podemos no solo dejar abierto un abismo en el mundo, sino peor, podemos hacer que el Abismo Generacional se convierta en un avance sin retorno, sin fuentes y sin historia. Así, la diferencia formativa, intelectual y de información y manejo de la tecnología que ya podemos notar desde nuestros hogares, a la larga afectara a la sociedad, las culturas y sus pueblos, las naciones y los países. Preparémonos para que el desarrollo tecnológico sirva a la causa del hombre en el mundo; una causa noble que nos sirva para acabar con el hambre y la pobreza material, económica y espiritual que nos abate.
