sábado, 13 de junio de 2009

¿Culpable o Responsable?

En el Contrato Social los individuos, en tanto ciudadanos, se hacen responsables frente al Estado que los representa, por el cumplimiento de determinadas normas explicadas en la ley. Así, la ley resulta un balance de deberes y derechos que en su conjunto regulan el buen funcionamiento de la sociedad. El Estado vela que todos sus ciudadanos, sin distinción, cumplan con la ley; por lo mismo, la relación entre iguales suele ser de mutuo respeto y de responsabilidad.

Cada sociedad establece normas de convivencia para los individuos que la conforman. Dichas normas deben buscar hacer prevalecer el Bien Común. Así, el desarrollo cultural alcanzado por las minorías de la sociedad debe ser ampliamente conocido por esta última, a fin de enlazar mejor las normas de convivencia que le son comunes a sus miembros. Esto permitirá que no se rompa el equilibrio consensual de las partes; esto es, el nivel de responsabilidad frente a la ley que es común a la sociedad.

Cuando establecemos una familia, las partes, varón y mujer, establecen una unión con sus debidos referentes sociales. Así, la unión será responsable de actuar dentro de la sociedad aportando al Bien Común. La primera obligación será perpetuar la especie teniendo crías. Al tener hijos, la familia asume el deber de proveerlos de alimentos, salud, vestido y seguridad. El Estado les garantiza el derecho a un nombre y el reconocimiento como miembros de la sociedad. Hasta que estos alcancen la mayoría de edad, 18 años en el Perú, la representación legal, esto es, la responsabilidad frente a la ley la tendrá el Padre o tutor. A esta figura la ley le denomina Patria Potestad.

Cuando educamos nuestros hijos reciben todo el tiempo teoría y práctica; lo que decimos y lo que finalmente hacemos. Cuando hay correspondencia entre uno y otro no hay problema; los problemas aparecen cuando no hay coherencia entre la palabra y los hechos. Así por ejemplo, muchísimas madres, aunque ahora hay menos, consienten que sus hijos no cumplan con determinados deberes en el hogar, o que se pase por alto algunas faltas cometidas por los niños. Así, se les está enseñando a no responder por el incumplimiento o por la falta cometida: se les está enseñando a no ser responsables. El niño tiene que aprender que él es responsable por lo que hace y también por lo que deja de hacer. Algunos padres para evitar que sus hijos sufran, les enseñan a responsabilizar a otros por las faltas cometidas; porque asumen que son muy niños para “cargar” con estas culpas. Error. El adulto responsable aprenderá a serlo de niño en su hogar, aceptando la responsabilidad por hacer algo o dejar de hacerlo; el niño no responsable, echara la culpa a otros por no haber hecho algo o haberlo hecho mal. Aquí nace la práctica que nos hace responsables.

El Estado es responsable por el cumplimiento de la ley, pero para que esto sea efectivo, tiene que ser imparcial y tratar a todos sus ciudadanos por igual. Si el Estado rompe esta norma, estableciendo diferencias o privilegios para el cumplimiento de la ley, no tendrá credibilidad y perderá el respeto de la sociedad que regula; por lo tanto, los ciudadanos afectados buscaran que cambiar la norma incumplida o cambiar al Estado que los regula.

Los sucesos de Bagua nos dejan muchas enseñanzas. Y nos pone sobre aviso de errores que se están cometiendo con el pretexto de alcanzar el progreso para la mayoría de peruanos. Lo que es más increíble. Se nos está tratando de explicar lo inexplicable, como si un conjunto de salvajes instalados en la Amazonia se oponen al progreso del país y recién hubieran aparecido en la inmensa geografía amazónica, porque son la quinta columna de un enemigo extranjero. Solo hay que haber leído “El Perro del Hortelano”, para saber que las medidas ya estaban pensadas y que el pensamiento que trata a las comunidades nativas de esa manera también estaba expresado en la serie de artículos escritos por Alan García el 2007.

Mientras observamos como a nivel de gobierno se insiste en buscar culpables; muchos tratamos de entender porque el país permitió que se llegara a este fatal enfrentamiento: por eso la responsabilidad nos incumbe a todos. Mientras nadie en el Poder Ejecutivo asume responsabilidades frente a la crisis que se propicio en la selva; vemos con asombro primero e indignación luego como algunos solo buscan culpables para lavar sus conciencias, y ocultar los errores cometidos.

Finalmente, es importante mencionar que nunca como ahora, se ha ratificado en el país el anhelo de vivir en paz y de reducir las diferencias que nos separan informándonos y dialogando. Esta oportunidad abierta en el país nos debe ayudar a sumar voluntades. Voluntades para dialogar con respeto, aceptando al interlocutor como a un igual y no como a un salvaje que tiene que aceptar y aprender del progreso y la civilización. El Estado tiene todo el derecho de ejercer la autoridad, pero para lograr que sea más efectiva también tiene que saber escuchar y entender que si en el dialogo abierto algunos han perdido la confianza para representar al Estado y resolver los problemas, por el Bien Común, tienen la responsabilidad frente al país de dar un paso al costado. La intransigencia y la beligerancia no son un arma de dialogo, por ello el Estado debe enviar mensajes claros a las comunidades afectadas; es preciso recuperar y definir con claridad las políticas y los niveles de comunicación que son necesarios ahora. Un buen contingente de sociólogos, antropólogos y lingüistas no le vendrían mal como asesores a la hora de restablecer la comunicación. El país así lo necesita, por eso estará ahora más que nunca atento a este nuevo renacer de nuestra relación con la Amazonia peruana. Todo nos indica que el Perú y los peruanos unidos, somos más grandes que cualquiera de nuestros problemas.

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