Han pasado ya varios días desde el Mensaje Presidencial y, con el intenso frío, la temperatura ambiental nos muestra un perfil más claro de lo que el Presidente dijo, quiso decir y dejo de decirle al país.
Como es obvio, dejando de lado la obligación constitucional de hacer el recuento de obras que nadie sabe a quién se le ocurrió que este podría ser diferente y menos aburrido que cualquier otro, lo que todos esperábamos en el mensaje era: el marco conceptual con el cual el estadista le ofrece al país y a la nación un horizonte nuevo.
En economía uno de los elementos más importantes para la toma de decisiones, tiene que ver con las expectativas de los agentes, ya que estas nos ayudan a definir, cuando no marcar de manera fundamental el curso futuro de las variables económicas. Para marcar las expectativas nacionales, nada mejor que el discurso anual de 28 de julio, porque la certidumbre de los agentes económicos puede verse influida por el curso futuro de las decisiones de tipo gubernamental en busca de objetivos de política económica definidos en el mismo. Por ello el mensaje presidencial se convierte en un eje importante, o debería serlo, del derrotero del país y su manejo económico, y los diversos anuncios que ahí se hacen deberían por lo tanto generar confianza. De ahí la importancia del mensaje y de la coherencia que debe guardar. Ni más ni menos.
Quienes consideramos que el discurso ha sido poco satisfactorio, lo hacemos desde la perspectiva del país, no de los políticos involucrados, y es que sin lugar a dudas el discurso tuvo “mucho caldo y poca sustancia” como decían los abuelos, y esto es así porque no hay un mensaje claro de cuál es la dirección que adoptara el ejecutivo camino a sus 2 últimos años en el gobierno. Y ese mensaje no está bien para el país.
El Presidente, que ya una vez nos asombro cuando al referirse a la educación dijo que en el país se vivía una “revolución silenciosa”, volvió a su estilo y no dejo de lado el anuncio efectista. Solo había que ver la cara de asombro del ministro de justicia anotando presuroso al escuchar el anuncio de la construcción de una cárcel en la selva para los corruptos, para saber que el estilo no ha cambiado y que algunos ministros están repitiendo la historia conocida de su primer gobierno; porque la seducción por el hombre ha podido más que el nivel estadista de nuestro ejecutivo.
El Presidente ha hecho dos anuncios importantes, que esperamos no terminen como los anteriores, como cuando anuncio la creación de la Oficina Nacional Anticorrupción que acabo junto con el embarazo de la titular, o el famoso llamado al Pacto Social para promover el empleo de calidad que empezó cual estrella fugaz, por lo brillante, y termino cuando más se le necesitaba con el inicio de la crisis mundial.
El mensaje presidencial nos trajo el anuncio de reformas políticas que pueden dar un nuevo rumbo al futuro de la descentralización en el país. Así, el anuncio de la segunda vuelta en las regiones debería ayudar a terminar con la falta de legitimidad social que la mayoría de gobiernos regionales muestra producto del actual formato electoral; la renovación del Congreso podría ser la otra, siempre que al plantearse la modificación legislativa o la vía de un referéndum se cumpla estrictamente la norma constitucional. Esto, porque o nadie se lo dijo o es un acto de provocación al puro estilo “chavista”, pero el Presidente debería tener claro que el no puede plantear un referéndum.
Y ya que hablamos de estilos “chavistas” que tanto le gustan al Presidente denostar en otros, el proyecto de potenciar lo que él llamo Núcleos Ejecutores Comunales es una manera muy simpática y efectiva de descentralizar el centralismo burocrático, sobre todo en las regiones, algo que ya se ha hecho en México y Uruguay con muy buena experiencia, pero que también se parece mucho a los llamados Consejos Comunales que ejecutan las obras en los barrios venezolanos y que, con la experiencia corporativa que tiene su partido bien podría emular lo que hace políticamente el “chavismo” en los sectores populares con ese programa y “Barrio Adentro”. Además, el peligro de arremeter contra los gobiernos locales o regionales, tratando de “hacer obra”, rompe el esquema institucional y eso no la hace bien ni a la democracia ni “al sistema” que dice defender.
Pese al optimismo que manifestó desde el ultimo CADE cuando no se sabe porque “garantizo” el crecimiento de nuestra economía en 6%, es absolutamente claro que el motor del crecimiento que venía desde el sector privado se paró de golpe con la crisis, por eso el mensaje debió devolver la confianza a los inversionistas privados que, quiérase o no, han sido los últimos años el motor del crecimiento nacional, esto es así, porque se necesita no solo optimismo sino reglas claras si lo que se quiere es volver a crecer de manera adecuada.
Y las reglas no están claras, cuando se pasa por “agua tibia” o se ningunean los dos eventos políticos más importantes de su mandato, tanto que causaron la caída de dos gabinetes, los sucesos de Bagua y el faenón de los Petroaudios. De eso no se dijo nada.
El mensaje obvio ambos temas cuando debieron ser tratados, por respeto al país, con absoluta transparencia. Y ese otro mensaje si quedo muy claro: la lucha contra la corrupción no le quita el sueño a nadie en el Estado.
Los grandes olvidos del mensaje presidencial fueron así, la lucha contra la corrupción y la reforma del Estado. Una reforma del Estado que no signifique, como lo dijo Nuestro Primer Servidor Nacional, solamente buenos gerentes para la Administración Publica y el silencio administrativo como norma que aligere los procesos burocráticos; eso no es Reforma del Estado Señor Primer funcionario.
Si de generar confianza y certidumbre se trata empecemos poniendo en funcionamiento de una buena vez el Centro de Planeamiento Estratégico que, debidamente implementado con profesionales de primer nivel, nos daría un derrotero claro para el avance del país en las esferas del desarrollo que tanto anhelamos.
Si de generar confianza en el futuro se trata, este es un buen momento para hacer las reformas difíciles y convertir al Estado peruano en un ente eficaz y ordenado, orientado de manera clara hacia el bienestar nacional y la justicia social; y es que la provisión de servicios gubernamentales exigidos por la ciudadanía en cantidad no tiene por qué no ser también de calidad. Eso es fundamental. Esto es lo que el país y la nación está esperando de la clase política: que se comporte como una clase dirigente y no como hasta ahora, que solo representa a la clase dominante; por eso, de su grandeza o mediocridad depende en buena medida el futuro del país.
Finalmente, es el momento de establecer cuál es el rol y cuales los objetivos del Estado. Después de esto podremos determinar las necesidades de profesionales y técnicos que cumplan con esas definiciones y, sobre la base anterior, reconstruir uno a uno los eslabones de un Estado que debe trabajar para el país y nutrirse por ello de sus mejores elementos y no al revés. Luego podremos definir la línea de carrera para los trabajadores de la Administración Pública, tanto para el gobierno nacional como para las regiones y gobiernos locales. Porque si no se cuenta con el mejor capital humano para la provisión de servicios, mejorar los procesos termina siendo una absurda pérdida de tiempo y energías.
Inicie pues desde hoy Señor Presidente el emprendimiento de esta sentida Reforma, no importa que los resultados sean visibles recién en los próximos gobiernos; de ser así, nos demostrara que verdaderamente estamos ante un Estadista que gobierna pensando en el país y no en el cálculo político mediático.
Como es obvio, dejando de lado la obligación constitucional de hacer el recuento de obras que nadie sabe a quién se le ocurrió que este podría ser diferente y menos aburrido que cualquier otro, lo que todos esperábamos en el mensaje era: el marco conceptual con el cual el estadista le ofrece al país y a la nación un horizonte nuevo.
En economía uno de los elementos más importantes para la toma de decisiones, tiene que ver con las expectativas de los agentes, ya que estas nos ayudan a definir, cuando no marcar de manera fundamental el curso futuro de las variables económicas. Para marcar las expectativas nacionales, nada mejor que el discurso anual de 28 de julio, porque la certidumbre de los agentes económicos puede verse influida por el curso futuro de las decisiones de tipo gubernamental en busca de objetivos de política económica definidos en el mismo. Por ello el mensaje presidencial se convierte en un eje importante, o debería serlo, del derrotero del país y su manejo económico, y los diversos anuncios que ahí se hacen deberían por lo tanto generar confianza. De ahí la importancia del mensaje y de la coherencia que debe guardar. Ni más ni menos.
Quienes consideramos que el discurso ha sido poco satisfactorio, lo hacemos desde la perspectiva del país, no de los políticos involucrados, y es que sin lugar a dudas el discurso tuvo “mucho caldo y poca sustancia” como decían los abuelos, y esto es así porque no hay un mensaje claro de cuál es la dirección que adoptara el ejecutivo camino a sus 2 últimos años en el gobierno. Y ese mensaje no está bien para el país.
El Presidente, que ya una vez nos asombro cuando al referirse a la educación dijo que en el país se vivía una “revolución silenciosa”, volvió a su estilo y no dejo de lado el anuncio efectista. Solo había que ver la cara de asombro del ministro de justicia anotando presuroso al escuchar el anuncio de la construcción de una cárcel en la selva para los corruptos, para saber que el estilo no ha cambiado y que algunos ministros están repitiendo la historia conocida de su primer gobierno; porque la seducción por el hombre ha podido más que el nivel estadista de nuestro ejecutivo.
El Presidente ha hecho dos anuncios importantes, que esperamos no terminen como los anteriores, como cuando anuncio la creación de la Oficina Nacional Anticorrupción que acabo junto con el embarazo de la titular, o el famoso llamado al Pacto Social para promover el empleo de calidad que empezó cual estrella fugaz, por lo brillante, y termino cuando más se le necesitaba con el inicio de la crisis mundial.
El mensaje presidencial nos trajo el anuncio de reformas políticas que pueden dar un nuevo rumbo al futuro de la descentralización en el país. Así, el anuncio de la segunda vuelta en las regiones debería ayudar a terminar con la falta de legitimidad social que la mayoría de gobiernos regionales muestra producto del actual formato electoral; la renovación del Congreso podría ser la otra, siempre que al plantearse la modificación legislativa o la vía de un referéndum se cumpla estrictamente la norma constitucional. Esto, porque o nadie se lo dijo o es un acto de provocación al puro estilo “chavista”, pero el Presidente debería tener claro que el no puede plantear un referéndum.
Y ya que hablamos de estilos “chavistas” que tanto le gustan al Presidente denostar en otros, el proyecto de potenciar lo que él llamo Núcleos Ejecutores Comunales es una manera muy simpática y efectiva de descentralizar el centralismo burocrático, sobre todo en las regiones, algo que ya se ha hecho en México y Uruguay con muy buena experiencia, pero que también se parece mucho a los llamados Consejos Comunales que ejecutan las obras en los barrios venezolanos y que, con la experiencia corporativa que tiene su partido bien podría emular lo que hace políticamente el “chavismo” en los sectores populares con ese programa y “Barrio Adentro”. Además, el peligro de arremeter contra los gobiernos locales o regionales, tratando de “hacer obra”, rompe el esquema institucional y eso no la hace bien ni a la democracia ni “al sistema” que dice defender.
Pese al optimismo que manifestó desde el ultimo CADE cuando no se sabe porque “garantizo” el crecimiento de nuestra economía en 6%, es absolutamente claro que el motor del crecimiento que venía desde el sector privado se paró de golpe con la crisis, por eso el mensaje debió devolver la confianza a los inversionistas privados que, quiérase o no, han sido los últimos años el motor del crecimiento nacional, esto es así, porque se necesita no solo optimismo sino reglas claras si lo que se quiere es volver a crecer de manera adecuada.
Y las reglas no están claras, cuando se pasa por “agua tibia” o se ningunean los dos eventos políticos más importantes de su mandato, tanto que causaron la caída de dos gabinetes, los sucesos de Bagua y el faenón de los Petroaudios. De eso no se dijo nada.
El mensaje obvio ambos temas cuando debieron ser tratados, por respeto al país, con absoluta transparencia. Y ese otro mensaje si quedo muy claro: la lucha contra la corrupción no le quita el sueño a nadie en el Estado.
Los grandes olvidos del mensaje presidencial fueron así, la lucha contra la corrupción y la reforma del Estado. Una reforma del Estado que no signifique, como lo dijo Nuestro Primer Servidor Nacional, solamente buenos gerentes para la Administración Publica y el silencio administrativo como norma que aligere los procesos burocráticos; eso no es Reforma del Estado Señor Primer funcionario.
Si de generar confianza y certidumbre se trata empecemos poniendo en funcionamiento de una buena vez el Centro de Planeamiento Estratégico que, debidamente implementado con profesionales de primer nivel, nos daría un derrotero claro para el avance del país en las esferas del desarrollo que tanto anhelamos.
Si de generar confianza en el futuro se trata, este es un buen momento para hacer las reformas difíciles y convertir al Estado peruano en un ente eficaz y ordenado, orientado de manera clara hacia el bienestar nacional y la justicia social; y es que la provisión de servicios gubernamentales exigidos por la ciudadanía en cantidad no tiene por qué no ser también de calidad. Eso es fundamental. Esto es lo que el país y la nación está esperando de la clase política: que se comporte como una clase dirigente y no como hasta ahora, que solo representa a la clase dominante; por eso, de su grandeza o mediocridad depende en buena medida el futuro del país.
Finalmente, es el momento de establecer cuál es el rol y cuales los objetivos del Estado. Después de esto podremos determinar las necesidades de profesionales y técnicos que cumplan con esas definiciones y, sobre la base anterior, reconstruir uno a uno los eslabones de un Estado que debe trabajar para el país y nutrirse por ello de sus mejores elementos y no al revés. Luego podremos definir la línea de carrera para los trabajadores de la Administración Pública, tanto para el gobierno nacional como para las regiones y gobiernos locales. Porque si no se cuenta con el mejor capital humano para la provisión de servicios, mejorar los procesos termina siendo una absurda pérdida de tiempo y energías.
Inicie pues desde hoy Señor Presidente el emprendimiento de esta sentida Reforma, no importa que los resultados sean visibles recién en los próximos gobiernos; de ser así, nos demostrara que verdaderamente estamos ante un Estadista que gobierna pensando en el país y no en el cálculo político mediático.