sábado, 22 de agosto de 2009

El Marco Laboral que nos deja la crisis

Aunque para muchos podría parecer todavía vago pensarlo, el pronóstico acerca del fin de la crisis mundial parece llevarnos a mediados del 2010 o fines del mismo año; hacia allí convergen por primera vez los economistas y la mayoría de analistas internacionales.

Los mercados internacionales parecen haber asimilado ya un primer aviso, lo que en su momento origino una ola alcista en la Bolsa y ahora mantiene la estabilidad de los mercados, que tiene que ver más con el impulso reactivador asumido por los gobiernos estadounidense y europeos que con las medidas de salvataje financiero del primer momento y que solo buscaron evitar, en algunos casos sin mucho merito, la quiebra generalizada de empresas emblemáticas afectadas por el fraude que significaron los ahora famosos bonos subprime.

En el ámbito laboral sucedió lo mismo. Pasados los estragos, que para algunos supo a trago amargo, las empresas empiezan a ver un nuevo horizonte para sus mercados, lo que motivara que en corto plazo empiecen a moverse buscando atraer a los mejores técnicos y profesionales que se encuentran dispersos en el mercado, muchos de los cuales sufrieron el embate de la crisis que los dejo sin empleo.

Como en toda crisis, la actual mostro el lado frio de las empresas, las que no tuvieron ningún reparo en bajar costos a costa de su capital humano. Craso error que ahora les puede pasar la factura a ellos. Cuando las empresas despidieron, olvidaron que también estaban desechando el conocimiento alcanzado en la organización, esto es, estaban dejando de lado no solo personas que significaban un costo económico, sino que al hacerlo voluntaria o involuntariamente también estaban dejando de lado el capital humano y con él al conocimiento que forma parte de la empresa. El efecto de este fenómeno, en el presente y para el futuro puede implicar el inicio de una nueva era en la contratación de personal.

Hasta ahí la historia es harto conocida. Cuando la recesión actual pase y la economía recupere sus bríos, lo que cambiara será la disposición, que por ser así aparece como nueva en las filas de los desempleados y modificara radicalmente el escenario laboral que nos deja la crisis. Pasada la crisis el escenario de contratar será totalmente distinto al que hasta ahora conocemos: contratar será -por decirlo de alguna manera- diferente para las empresas, y en algunos casos muy duro.

La actual recesión ha causado efectos no deseados en demasiada gente. Y esto ha sido así, por la velocidad con la que las empresas sucumbieron o tuvieron que tomar medidas para no hacerlo. Por la actual tendencia mundial en las comunicaciones y la internet, las decisiones tuvieron que ser tomadas al paso, con el efecto final que esto significo en las organizaciones y en las personas. La velocidad con que las personas perdieron sus empleos no tiene precedentes; el nivel de desempleo mundial es actualmente critico, y podría ajustarse aun mas cuando las cifras de las empresas en sus próximos balances muestren hacia el final de la crisis de manera cruda la realidad de los mercados; sincerar los números tendrá sin ninguna duda un nuevo costo social.

Por ello muchas personas, desde el menos a la más calificada, ya no quiere trabajar de manera dependiente, porque el término ha sido marcado por esta crisis de una manera casi traumática: ser laboralmente dependiente es depender de la voluntad de otros.

Finalmente, el otro efecto será el que marcaran los empleados que resistieron la crisis. Ellos propondrán cambios aun más radicales: las personas, a todo nivel en la organización, necesitan sentir que importan y que sus ideas son tomadas en cuenta. Las “estrellas” es posible que ni siquiera piensen en pedir nada para ellos, que no sea respeto a sus decisiones, una de las cuales puede significar la tentación del negocio propio. Como diría Marx, la crisis trae sus propios sepultureros. Así, una nueva generación de empresarios está emergiendo, ya no desde los estratos sociales que nos trajo la migración interna; la nueva clase emergente estará formada por los profesionales y los técnicos que fueron ninguneados en medio de la crisis. La factura de conocimiento que pagaran las empresas luego de la crisis tiende a ser muy alta; la competencia estará a todo nivel por lograr captar a los que tienten recolocarse de manera dependiente, los más optaran por emprender el riesgo del negocio propio o asociarse con alguien confiable para desarrollar una línea de negocio. La dependencia laboral tendrá por ello un nuevo matiz. La informalidad laboral cultivada por las empresas y permitida por omisión por los Gobiernos, traerá innovación al mercado y nuevos empresarios. ¡Bienvenidos sean!

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