En los últimos tiempos se habla mucho acerca de la generación de nuevos padres. Al hacerlo se hace notar que estos demuestran un alto interés por una relación directa con sus hijos. ¿Esto es realmente cierto? ¿Existe realmente ese nuevo padre?
Las generaciones que actualmente educan a sus hijos, corresponden a la de los hijos de los profesionales. En su mayoría, son los hijos que rompen con el modelo antiguo de crianza, marcado por el autoritarismo de la familia y la ausencia del padre en la crianza y formación de los hijos. Ejemplos más, ejemplos menos esa es una constante que se vivió en el pasado y cualquier familia puede dar fe de ello.
En este tipo de familia, el padre se dedicaba únicamente a trabajar, porque la mujer no lo hacía, es mas hasta se veía mal que lo hiciera, y su única labor era encargarse de la casa y de la crianza de los hijos. El padre era lo que los psicólogos llaman ahora “un padre ausente”; físicamente presente pero pasivo en la crianza y formación de sus hijos, sea por temor a demostrar sus sentimientos, sea porque recibió la misma crianza y al formar su propia familia solo recreaba las vivencias y carencias que tuvo de niño.
Los padres de hoy han cambiado en parte porque estamos hablando de una generación que tiene acumulados varios procesos y era de esperar que esa experiencia de vida fuera volcada en la sociedad. Por ello, era obvio que su propio proceso de paternidad también lo vivieran de manera diferente, o distinta para solo darle un calificativo. Estamos hablando de personas que pasaron su niñez y adolescencia entre el fin de la guerra fría, el derrumbe del muro de Berlín, la lucha contra las dictaduras militares en América Latina, el proceso de los desaparecidos en Sudamérica, las conquistas democráticas de los ochenta, la activa presencia de la mujer en las Universidades y la irrupción del procesador personal, los celulares, la televisión por cable y el internet. Como no iban a ser distintos; son personas que tienen la huella imborrable de la Era de la Comunicación y el Conocimiento. Súmenle a ello la visión apocalíptica del terrorismo, el proceso de migración interna, la desintegración de las familias en el proceso de migración al exterior, la activa presencia de la mujer en el trabajo, la irrupción de la mujer como dirigente sindical, activista política y empresaria exitosa.
La generación de nuevos padres se ha nutrido de todo ello con mucha sensibilidad social. Han aprendido el valor de la vida y la libertad, y hasta valoran el derecho de nacer, porque pugnaron unos y lograron muchos ver nacer a sus hijos, con la huella imborrable que esa experiencia de vida deja en los padres.
Los investigadores sociales dicen en sus estudios que si bien es cierto se ha producido un cambio profundo en la implicancia que tiene el padre en la crianza y formación de sus hijos, todavía siguen siendo las madres las que asumen la mayor responsabilidad, sin desmerecer el real interés que muestran los padres por participar de manera más activa en estas tareas. Así por ejemplo, las investigaciones sostienen que, en las familias donde la madre no trabaja, el padre dedica menos tiempo a la crianza de los hijos. Esta situación cambia cuando la madre también trabaja, momento en el cual el padre comparte más tiempo con sus hijos y, sobre todo, dedica más tiempo a organizar el cuidado de ellos. Aquí cabe mencionar un dato muy importante que nos traen los sociólogos: en cualesquiera de las situaciones, la madre siempre tiene una labor más cercana con los hijos, a los cuales enseña los quehaceres diarios de limpieza y orden, ayuda en las tareas del colegio y asume la responsabilidad de mantenerlos sanos y bien atendidos, mientras que el padre suele dedicar más tiempo en ayudar a formarlos, proveerlos de diversión y jugar con ellos. El viejo modelo del padre autoritario ha desaparecido por completo en la recreación de la familia.
Aquí habría que recalcar algo que por obvio muchos dejan de lado. Mucho se ha discutido el tema, y seguramente son los padres quienes más han participado en la discusión, no sin un marcado interés personal. Tan importante como el tiempo, es la calidad de la participación de los padres en la crianza y formación de sus hijos. Por ello es importante recalcar: Vale la calidad, pero también la cantidad. Ambas son igual de importantes a la hora de relacionarse con los hijos.
En el modelo familiar clásico, cada padre cumplía un rol diferente del otro. Mientras la madre proveía del modelo de ternura y permisividad, el padre era el de disciplina y autoridad, un esquema que en ocasiones se tornaba agresivo y peligroso para los niños y la propia familia, por el modelo “machista” de la sociedad. Aquí se han dado los extremos; mientras la madre permitía todo y se convertía en cómplice de las travesuras infantiles, el padre era la figura inflexible que, o se le hacía caso o se le obviaba con la ayuda de la madre. Así la sociedad formo una familia permisiva, sobreprotectora y con doble moral. Muchos “niños problema” en las escuelas dan fe de esta afirmación; muchas terapias psicoanalíticas han dejado ejemplos muy claros de que ambos extremos no son buenos para formar una sociedad sana.
Finalmente, en el modelo actual la autoridad es una sola y la ejercen ambos padres. Los cuidados y los afectos por ser parte de la naturaleza humana, deben ser atendidos con la debida naturalidad para que este llegue con un mensaje claro a los hijos que lo reciben. Aquí conviene resaltar que el padre es tan capaz como la madre para cuidar a sus hijos, solo que dedica menos tiempo a ello. Además, hacer el esfuerzo vale la pena para la familia, porque el padre que es cariñoso con sus hijos, que es sensible a sus necesidades y responde adecuadamente a sus emociones tiene más probabilidades de tener hijos equilibrados. No olvidemos que cuando los padres están activamente presentes en la vida de los niños aportan un sentido de seguridad a la familia y son una fuente de autoridad distinta a la de la madre en la vida de estos. Un padre presente en la formación de sus hijos, implica seguridad para ellos. Los estudios demuestran que en estas circunstancias, los hijos crecen y se forman más seguros, y con una estabilidad emocional que pasa a ser lo más importante de su carácter.
Y ahora, ¿Ya sabes porque es importante papá en la vida de tus hijos?
Las generaciones que actualmente educan a sus hijos, corresponden a la de los hijos de los profesionales. En su mayoría, son los hijos que rompen con el modelo antiguo de crianza, marcado por el autoritarismo de la familia y la ausencia del padre en la crianza y formación de los hijos. Ejemplos más, ejemplos menos esa es una constante que se vivió en el pasado y cualquier familia puede dar fe de ello.
En este tipo de familia, el padre se dedicaba únicamente a trabajar, porque la mujer no lo hacía, es mas hasta se veía mal que lo hiciera, y su única labor era encargarse de la casa y de la crianza de los hijos. El padre era lo que los psicólogos llaman ahora “un padre ausente”; físicamente presente pero pasivo en la crianza y formación de sus hijos, sea por temor a demostrar sus sentimientos, sea porque recibió la misma crianza y al formar su propia familia solo recreaba las vivencias y carencias que tuvo de niño.
Los padres de hoy han cambiado en parte porque estamos hablando de una generación que tiene acumulados varios procesos y era de esperar que esa experiencia de vida fuera volcada en la sociedad. Por ello, era obvio que su propio proceso de paternidad también lo vivieran de manera diferente, o distinta para solo darle un calificativo. Estamos hablando de personas que pasaron su niñez y adolescencia entre el fin de la guerra fría, el derrumbe del muro de Berlín, la lucha contra las dictaduras militares en América Latina, el proceso de los desaparecidos en Sudamérica, las conquistas democráticas de los ochenta, la activa presencia de la mujer en las Universidades y la irrupción del procesador personal, los celulares, la televisión por cable y el internet. Como no iban a ser distintos; son personas que tienen la huella imborrable de la Era de la Comunicación y el Conocimiento. Súmenle a ello la visión apocalíptica del terrorismo, el proceso de migración interna, la desintegración de las familias en el proceso de migración al exterior, la activa presencia de la mujer en el trabajo, la irrupción de la mujer como dirigente sindical, activista política y empresaria exitosa.
La generación de nuevos padres se ha nutrido de todo ello con mucha sensibilidad social. Han aprendido el valor de la vida y la libertad, y hasta valoran el derecho de nacer, porque pugnaron unos y lograron muchos ver nacer a sus hijos, con la huella imborrable que esa experiencia de vida deja en los padres.
Los investigadores sociales dicen en sus estudios que si bien es cierto se ha producido un cambio profundo en la implicancia que tiene el padre en la crianza y formación de sus hijos, todavía siguen siendo las madres las que asumen la mayor responsabilidad, sin desmerecer el real interés que muestran los padres por participar de manera más activa en estas tareas. Así por ejemplo, las investigaciones sostienen que, en las familias donde la madre no trabaja, el padre dedica menos tiempo a la crianza de los hijos. Esta situación cambia cuando la madre también trabaja, momento en el cual el padre comparte más tiempo con sus hijos y, sobre todo, dedica más tiempo a organizar el cuidado de ellos. Aquí cabe mencionar un dato muy importante que nos traen los sociólogos: en cualesquiera de las situaciones, la madre siempre tiene una labor más cercana con los hijos, a los cuales enseña los quehaceres diarios de limpieza y orden, ayuda en las tareas del colegio y asume la responsabilidad de mantenerlos sanos y bien atendidos, mientras que el padre suele dedicar más tiempo en ayudar a formarlos, proveerlos de diversión y jugar con ellos. El viejo modelo del padre autoritario ha desaparecido por completo en la recreación de la familia.
Aquí habría que recalcar algo que por obvio muchos dejan de lado. Mucho se ha discutido el tema, y seguramente son los padres quienes más han participado en la discusión, no sin un marcado interés personal. Tan importante como el tiempo, es la calidad de la participación de los padres en la crianza y formación de sus hijos. Por ello es importante recalcar: Vale la calidad, pero también la cantidad. Ambas son igual de importantes a la hora de relacionarse con los hijos.
En el modelo familiar clásico, cada padre cumplía un rol diferente del otro. Mientras la madre proveía del modelo de ternura y permisividad, el padre era el de disciplina y autoridad, un esquema que en ocasiones se tornaba agresivo y peligroso para los niños y la propia familia, por el modelo “machista” de la sociedad. Aquí se han dado los extremos; mientras la madre permitía todo y se convertía en cómplice de las travesuras infantiles, el padre era la figura inflexible que, o se le hacía caso o se le obviaba con la ayuda de la madre. Así la sociedad formo una familia permisiva, sobreprotectora y con doble moral. Muchos “niños problema” en las escuelas dan fe de esta afirmación; muchas terapias psicoanalíticas han dejado ejemplos muy claros de que ambos extremos no son buenos para formar una sociedad sana.
Finalmente, en el modelo actual la autoridad es una sola y la ejercen ambos padres. Los cuidados y los afectos por ser parte de la naturaleza humana, deben ser atendidos con la debida naturalidad para que este llegue con un mensaje claro a los hijos que lo reciben. Aquí conviene resaltar que el padre es tan capaz como la madre para cuidar a sus hijos, solo que dedica menos tiempo a ello. Además, hacer el esfuerzo vale la pena para la familia, porque el padre que es cariñoso con sus hijos, que es sensible a sus necesidades y responde adecuadamente a sus emociones tiene más probabilidades de tener hijos equilibrados. No olvidemos que cuando los padres están activamente presentes en la vida de los niños aportan un sentido de seguridad a la familia y son una fuente de autoridad distinta a la de la madre en la vida de estos. Un padre presente en la formación de sus hijos, implica seguridad para ellos. Los estudios demuestran que en estas circunstancias, los hijos crecen y se forman más seguros, y con una estabilidad emocional que pasa a ser lo más importante de su carácter.
Y ahora, ¿Ya sabes porque es importante papá en la vida de tus hijos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario