
DAVOS, un pequeño pueblo ubicado en los Alpes Suizos, es el lugar elegido por los más connotados líderes, académicos y políticos del mundo, para celebrar el llamado Foro Económico Mundial. Esta, la 39 edición, nos encontró no solo con una economía mundial en recesión, sino además, con un pesimismo generalizado en el mundo y con una incertidumbre muy marcada sobre la magnitud y el fin de la crisis.
Antes de comenzar esta jornada, el fundador del Foro, Klaus Schwab, había advertido que Davos, un balneario conocido por sus clínicas de tratamiento de enfermedades respiratorias, sería el "sanatorio" de la curación de la economía mundial.
Sin embargo, la reunión que cada año se convierte en una vitrina académica ha culminado con una expresión de incertidumbre generalizada. El lema utilizado por la misma dice mucho de ella. “Davos 2009: Construyendo el mundo de la post-crisis”. Y es que la magnitud de la crisis hace que cualquier comparación se quede corta, que cualquier visión optimista de la misma se vea rebalsada por la fuerza que la crisis ha traído consigo. Es más, los pronósticos que venían de los gurúes más caracterizados del negocio financiero han perdido peso y sustento con el paso de las horas, por lo que ceden la iniciativa a los políticos convertidos en el grupo profesional mas importante en esta edición del Foro aunque, hay que decirlo, estos sostienen la iniciativa pero se cuidan hábilmente de dar opiniones vinculantes.
El mundo entero se pregunta, ¿Por qué los políticos? Y solo hay una respuesta, porque la idea de la empresa privada motor de la economía mundial dejo de ser la bandera del capitalismo. Hoy una nueva mirada hacia el papel del Estado toma cuerpo y vigencia, el proceso iniciado con las nacionalizaciones masivas del sistema financiero o mal llamado “rescate” abona en ese sentido. La socialización de las perdidas es el gran tema. Además, quedo claro que la crisis actual es resultado de la falla de muchos de los principios del libre mercado así como de la falta de regulación y de controles efectivos del mismo.
Otro tema que causo polémica por su contenido es el referido al concepto de la Globalización y el Libre Comercio, que se pierden en el camino a una nueva versión del proteccionismo, que a su vez, y la historia es ejemplarizadora en esta materia, será la antesala de nuevas y más agresivas guerras comerciales. Visto así, la resolución de la crisis económica puede ser no solo una nueva crisis política sino también la amenaza de una solución militar.
El Foro también analizo que el flujo de capitales a los países en vías de desarrollo se está reduciendo, pues parte de esos recursos están siendo utilizados en los llamados “planes de rescate financiero”. Sin duda esa reducción incluye menos compras al tercer mundo, y las que se hacen a precios más bajos.
Una nota singular de esta edición fue, de manera increíble, la ausencia en el Foro de la Administración Obama que no envió ningún representante.
Como anécdota se comenta como la situación y el estado de ánimo de los participantes fue muy bien ilustrado al final del Foro por el Presidente de la financiera inglesa Standard Chartered, Peter Sands, quien afirmo que “es muy difícil recuperar la confianza cuando no sabemos bien siquiera donde estamos”.
Los 1,400 presidentes de grandes compañías, las decenas de analistas, los 43 jefes de Estado y los economistas presentes en Davos tampoco supieron aclarar con cierta precisión cuando puede terminar la crisis.
La mayoría coincidió finalmente, en que lo más importante es la recuperación de la confianza en el sistema bancario, que debe ser reformado, para que vuelvan a concederse los créditos y que estos animen la recuperación económica mundial.
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