lunes, 2 de febrero de 2009

LOS INTOCABLES

Sí, claro. Seguro que más de uno se puso a pensar en el personaje que maravillaba las noches eternas de nuestros abuelos en la famosa serie que perseguía a los traficantes de licor en el viejo Estados Unidos. La memoria de muchos de nosotros viajo en el tiempo y se movió entre “El Fugitivo”, “Combate” y “Los Intocables” de Eliot Ness.

Pero no. No me refería e esos intocables. Me refería a los que se creen una casta en nuestro país, y que por eso mismo, se creen y sienten intocables: nuestros militares.
Y me refiero a “nuestros militares” sabiendo que al hacerlo así, de manera tan general, se puede cometer la torpeza de poner a todos en el mismo saco o bajo la misma visión a la hora de emitir juicios de valor acerca de los temas tan sensibles que ahora llaman la atención de la ciudadanía y las colectividades del país. Porque hay militares y MILITARES.

Cada día que pasa va quedando claro, qué el tema y la investigación del llamado “chuponeo”, le esta saltando en la cara a nuestros marinos. Por eso llama la atención y deja muchas dudas el comportamiento del mal llamado Ministro de Defensa que, cual Quinto Mosquetero, con un “espíritu de cuerpo” que no le conocíamos ha salido a defender a la Marina, como si el prestigio de esta estuviera en juego.

Y como dirían nuestros nativos de la selva: ESE NO ES ASI.

Efectivamente, así no es Sr. Ministro de Defensa. Así no es Sr. Presidente.

Aquí no está en ningún momento en juego ni en cuestionamiento el prestigio de una institución que todos sabemos cuál ha sido su comportamiento a través de la historia. Aquí no está en discusión el legado institucional de los Herederos de Grau, de los que lucharon en la Guerra del Pacifico y de los que defendieron con su vida la Constitución del país en el Callao.

Lo que aquí está en juego, una vez más, es la acción del Poder Civil elegido democráticamente y la subordinación que le deben a él, los que han sido formados en las Escuelas Militares para defender las leyes y el territorio del cual se compone nuestra patria.

Y por eso mismo, no se puede tolerar ni siquiera pensar que existe alguna relación entre la investigación de los mal llamados “petroaudios” y la fallida acción criminal contra la Fiscal de la Nación. Ni tampoco dejar pasar así como si nada la ola de rumores, creada y dirigida por los que quieren manejar a la ciudadanía a base miedo, y que hablan del intento de un golpe. Y ese no es un tema cualquiera Sr. Primer Ministro, para que usted no le de ninguna importancia al rumor.

Se trata aquí que el Poder Civil de muestras de su autoridad frente a los mandos militares y de manera categórica les haga conocer públicamente que el mando civil investigara hasta las últimas consecuencias y sancionara, a los que haciendo uso indebido de sus cargos hayan utilizado los mecanismos y material de inteligencia para fines personales y lucrativos, atentando contra el ordenamiento constitucional. Asimismo, haga conocer al país que cualquier intento de coaccionar la voluntad investigadora del Poder Judicial será severamente sancionado, conforme al ordenamiento legal vigente.

Los militares deben saber que el viejo manto de misterio que había sobre sus sueldos y sus propiedades no existe más. Que la tropa que asiste a los cuarteles para cumplir su Servicio Militar lo hace para entrenarse en los manuales militares y no en los del servicio domestico en sus casas y al servicio de sus familiares. Eso ya no debe existir más.

Solo así podremos tener la autoridad moral para iniciar el largo camino hacia la Institucionalidad que el país necesita.

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