sábado, 31 de enero de 2009

Institucionalizar el pais Tarea de Todos

Los peruanos, si nosotros, los sufridos individuos que amanecemos alegres y divertidos cada mañana, no dejamos de sorprender por lo original que somos para vivir el día día.
Y es que en nuestro país, “cada acto o voz genial viene del pueblo y va hacia el” como decía Vallejo. Sobre todo lo último, va hacia él para adormecerlo.

Como es posible que cada día perdamos el tiempo y las energías que necesitamos para otros menesteres más productivos, como el seguir construyendo nuestras economías y forjando futuro para nuestros familias, en la absurda discusión de si los “petroaudios” son buenos o le hacen mal al país como dicen algunos políticos, que si Manco se caso apurado o lo hizo enamorado, que si nuestro congreso elige una nueva comisión investigadora para que no investigue nada, o que si la postulante a Contralora mintió porque nos quiso impresionar con su hoja de vida que no era tal, que si los marinos sabían y conocen de los equipos de interceptación. En fin, como dirían los abuelos, a la hora de conversar el peruano tiene de todo como en botica.

Y es que para el colectivo nacional, si de conocimiento se trata, cuando no sabe se lo inventa.

¿Por qué somos así los peruanos?

La respuesta sin duda tiene varias aristas. Y cada una de ellas se enlaza cual enredadera con otra y una nueva a la vez.

La primera de las razones tiene que ver con uno de los mayores problemas que arrastra el país desde su fundación: el caudillismo; y es que aquí se siguen a las personas y no a las ideas. Ejemplos sobran. Y si no piense simplemente porque al pie de cada obra hecha o por hacer nuestros alcaldes siempre nos indican quien la hizo poniendo sus nombres, como si ellos mismos hubiesen puesto su sudor en la misma, o porque a nuestros presidentes les encanta romper botellas al pie de cada obra por construir, para que se les recuerde. Por eso la famosa frase, “muerto el perro muerta la rabia”.

La segunda razón tiene que ver con la falta de una Clase Política Dirigente en nuestro país. Y en eso si estamos huérfanos. Aunque muchos se llamen padres de la patria, como país estamos peor que los niños del Pérez Aranibar. Y es que a falta de ideas solo hemos tenido una Clase Política que expresa siempre los intereses económicos y políticos de la Clase Dominante, no los del país.

La tercera razón, es la falta de un Proyecto Nacional de Desarrollo. Si pues, si no sabemos lo que queremos hacer como país, ¿hacia dónde empujamos el carro? Es más, si no tenemos objetivos comunes todos los peruanos, ¿de que país hablamos y hacia donde nos dirigimos? El Acuerdo Nacional fue un buen proyecto, pero ahí está durmiendo el sueño de los justos, porque a algunos políticos eso no solo les quita el sueño, sino que también les puede quitar la chamba.

La cuarta razón, es la falta de institucionalidad del país. En el Perú nadie cree en las instituciones; por eso, cuando cambian los gobiernos también cambian la manera de hacerse todas las cosas. Y eso no puede continuar, porque es más o menos como que nuestros políticos se creen los eternos fundadores del país. Por eso tenemos a los que cada cierto tiempo quieren cambiar la Constitución y a los que cambian las cosas en el manejo del Estado para que no cambie nada.

Debemos aprender y aplicar siempre que las personas pasan y las instituciones quedan.

La quinta razón, y quizás la más importante, tiene que ver con falta de una Planificada Política de Desarrollo de la Educación en nuestro país. Y aquí hay que decirlo con todas sus letras: nuestro país tuvo la oportunidad más importante de desarrollar una nueva visión de la educación, con todos sus errores, a partir de la Reforma Educativa que quiso aplicar la dictadura militar. Desde allí, y salvo honrosas y puntuales excepciones y Proyectos Alternativos, trabajados por los jesuitas en el Perú y por los miembros del Foro Educativo, no ha habido ningún Proyecto serio del Estado que abone en este sentido.

Por eso, frente al abandono total del estado, el mercado convirtió a la Educación en el mejor y más rentable de los negocios en el país, y si no que lo digan los que han lucrado con ella, por acción u omisión, desde el sindicato del magisterio o desde el ámbito privado escolar y universitario.

¿Tenemos tareas los peruanos?, si las tenemos.

Pero lo primero: institucionalicemos nuestro país. Para que las generaciones que nos precedan sepan que estuvimos a la altura de la responsabilidad que nos demando el tiempo que vivimos. Y leguémosles un país no solo desarrollado en sus relaciones internacionales, diplomáticas y de comercio sustentable, sino también de solvencia moral y ética.

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