miércoles, 18 de marzo de 2009

Para la Memoria de la Izquierda


Para algunos de los autodenominados líderes de la izquierda en el Perú la mejor opción, camino a cualquier nuevo y eventual proceso electoral, pasa por agruparse detrás de la candidatura del “nacionalista” Ollanta Humala.

Para quienes creen ese falso dilema, no hay más opción electoral. ¿Porque piensan así? Muy simple. Desde la última contienda electoral, donde la votación no alcanzo siquiera para mantenerse en la legalidad que tanto les interesaba; desde entonces no confían en sus fuerzas y tienden a auparse detrás del caudillo con caudal electoral. Resultado, los mismos lideres que durante tantos años hacían con sus frases y arengas lucha frontal contra el caudillismo, terminan cayendo en lo mismo; y esto es así, porque la vertiente ideológica que forma a los llamados partidos de izquierda, por lo menos en el Perú es así, siguen siendo la pequeña burguesía y la intelectualidad de clase media.

Ahora bien. El socialismo como conjunto de ideas no ha muerto. Lo que se derrumbó, junto con el Muro de Berlín, fue el socialismo que las burocracias del este representaban y después el socialimperialismo soviético que las sustentaba. Eso ya no existe más.

En todo el mundo renace una vez más la lucha por la igualdad, y esto es así, porque se han agudizado las antiguas contradicciones del capitalismo y que fueron sustento y cimiento para el nacimiento de las ideas que nos trajeron el socialismo. Pero el socialismo como tal nunca ha existido. Quedo relegado al planteamiento teórico de sus fundadores.

Si para los sociólogos, el punto de partida de la política es saber a quién se representa; ése y no otro es el dilema de la izquierda en el Perú.

Nacida bajo el influjo del Amauta en 1929, la izquierda ha representado siempre una corriente de opinión importante en el país. Sea desde la intelectualidad o desde las aulas universitarias, bastión principal de su desarrollo en los 60´s.

Por ello, guarda especial relevancia la posición teórica e ideológica que sirvió como sustento a su larga permanencia y vigencia dentro del derrotero histórico y que la mantuvo además a la vanguardia del movimiento sindical clasista en el país.

Estamos hablando de la izquierda que en los sesenta marcó su visión del país, a partir de las luchas campesinas en el campo, y que tuvo su punto culminante en la lucha por la Reforma Agraria y luego en la lucha por la nacionalización del petróleo. El Reformismo desarrollista que significó la “Revolución Militar” con Velasco a la cabeza, tampoco la desubicó. La izquierda supo marcar muy claro su autonomía programática y de dirección ante la irrupción del reformismo velasquista. Las reformas fueron criticadas por no encarar los problemas del país, sino más bien solaparlos; y es que el patrón de acumulación, clave del desarrollo de la economía, continuó basado en la exportación de productos primarios y el desarrollo industrial fue nulo.

La dirigencia izquierdista logró, tal vez sin proponérselo, posicionarse en el esquema político del país, dando nacimiento a la alternativa socialista y a la posición democrática que esta opción representaba. El viraje hacia la izquierda fue espontáneo; las masas desorganizadas necesitaban de dirección en sus luchas. La renaciente fuerza sindical se proyectó a la escena electoral y constituyó el impulso que dio nacimiento a Izquierda Unida, el mayor proyecto histórico latinoamericano de unidad en l980. Lo que obtuvo electoralmente no se ha vuelto a ver: un cuarto en la votación edil y un tercio en la votación nacional. Realmente histórico.

El resto es historia conocida. Entre el soroche que produjo en algunos “las alturas del poder”, las divergencias normales de la pequeña burguesía arribista, el espacio no entendido del desarrollo y emergencia del radicalismo que alzado en armas reclamaba para si lo que tantos años se había sembrado en el imaginario del pueblo izquierdista: “El Poder Nace del Fusil” y “Salvo el Poder todo es ilusión”, junto con la falta de lucidez para trazar la frontera con el terrorismo. Todo eso pagó su cuota.

Luego vino el desconcierto total. Al divisionismo y el error teórico de no entender al país que continuaba su desarrollo informal, le siguió la autoexclusión política. Irónicamente, la izquierda se apartó del país para marchar por “El Otro Sendero”, el de la informalidad política y la autoexclusión social.

Si el punto de partida de la política es saber a quién se representa; esta es la oportunidad histórica para que la izquierda se reencuentre con el país.
La historia no se repite dos veces; hoy las masas viran hacia ella de manera espontánea buscando una esperanza en medio de la crisis mundial, y por eso el llamado “nacionalismo” quiere utilizarla electoralmente.

Si la izquierda se convierte en una alternativa de gobierno dependerá de si la encuentra preparada y a la altura de la historia que le presenta un nuevo reto. No olvidemos que ya fue gobierno en 1984, Gobierno edil con Barrantes y muy exitoso; los planes de Desarrollo Urbanístico de la ciudad que en ese entonces se elaboraron y que por falta de dinero no se hicieron, hoy el gobierno edil de Castañeda lo ejecuta como suyo; y que la segunda vuelta de 1985 que no fue, terminó siendo la primera vez que el país optó por elegir “el mal menor”.

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