viernes, 30 de diciembre de 2011

Ni guardianes ni guachimanes; LA LEY ES IGUAL PARA TODOS



Con el final del año, el 2011 nos va dejando un sabor gastronómico de comida de chifa; para algunos medio amargo, para otros medio dulce. Solo hay que citar dos ejemplos, para darnos cuenta de lo certero de este parecer.


Por un lado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emplaza al Estado peruano, por su accionar en los sucesos posteriores al exitoso operativo de rescate de los rehenes de la Embajada de Japón, también denominado “Operativo Chavín de Huántar”; se trata aquí de tener muy claro acerca de que el Estado como tal, tiene que pronunciarse sin ningún atisbo de error y dejar que el Fuero común, el único que debería existir para hacer el ordenamiento realmente legal, investigue, determine y finalmente juzgue, si después del heroico operativo de rescate hubo o no asesinatos extrajudiciales; esto deviene necesario por el bien del país, y la salud de la misma Fuerza Armada en su relación con la sociedad civil. El Estado no puede ni debe tener dudas en esto; el actual accionar de algunos miembros del Ejecutivo respecto del tema, así como el silencio de muchos otros, dejan mucho que desear.


Si hubo miembros de las Fuerzas Armadas o de los Servicios de Inteligencia que actuaron siguiendo órdenes o consignas, y estas contravienen la Ley; por el bien del país deben declararlo y, consecuentemente, ser juzgados de acuerdo a Ley y recibir el castigo ejemplar que corresponda. Aquí no hay lugar a error; la ley es igual para todos. Continuar dilatando algo que debió ser aclarado de inmediato no nos ayuda a generar confianza dentro del país, y eso en el actual contexto de crisis internacional tampoco ayuda a generar espacios de confianza para la inversión foránea.


Y ya que tocamos el tema; la inversión por la inversión no existe. Toda inversión busca un margen mínimo de ganancia, y eso en cualquier mercado es normal. Lo que no es normal, es que el Estado como tal, solo aparezca y actúe como “bombero” después que los actores han propiciado una crisis; el Estado es un elemento regulador del mercado y, como tal, no puede esperar que las crisis le estallen con el correlato social que estas significan. ¿Por qué? Porque cuando el Estado aparece, como intermediario en una crisis, la ciudadanía siempre termina validando que al hacerlo, lo hace poniéndose del lado del “más fuerte” y no necesariamente del lado de la razón. Aquí está la causa que las protestas busquen generar el mayor caos posible, como elemento de presión, y no como factor real de representación social. Conga es un buen ejemplo de ello.


Por último, el Estado no puede ni debe olvidar que, como elemento de aglutinación social, siempre debe “hacer política”; es decir, que en cada una de sus acciones debe hacer sentir no solo el factor de la ley como elemento de disuasión social, sino y preferentemente debe usar los momentos de crisis, para afianzar su labor política de educación; no olvidando que, por sobre todas las cosas, el acto de gobernar también implica educar en ciudadanía. Y una manera muy clara de hacerlo, es generando las oportunidades de inversión para el país, pero también las de desarrollo de los pueblos y localidades aledañas a los puntos críticos de inversión privada. Para ello el Estado no debe abandonar su razón de ser como tal, y no confundir, la Responsabilidad Social Corporativa de la empresa privada, con las funciones que le competen directamente en el desarrollo del país; porque la Salud, la Educación y el desarrollo de la infraestructura publicas no pueden ni deben ser privatizados; el bien común y el desarrollo del Estado como ente democrático y nacional no se lo podemos dejar de ninguna manera al libre mercado.


Europa nos viene mostrando con ejemplos muy sólidos, que “el libre mercado” no existe, y que lejos de dejar que los menos eficientes desaparezcan, como lo reclaman a los cuatro vientos los teóricos defensores del neoliberalismo; se continúan socializando las perdidas, con las consecuencias que todos conocemos: el “libre mercado” ha propiciado la recesión del mercado europeo antes que dejar que las ineficientes empresas del sector financiero quiebren.


El ejemplo es claro: necesitamos mas Estado; necesitamos nacionalizar al hoy privatizado Estado, para hacerlo democrático y nacional y ponerlo al servicio del bien común. He ahí el reto que nos deja el 2011.


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