Usted tiene un amigo, un conocido, peor, un familiar que todo lo que toca lo quiebra, lo rompe. El, muy gracioso dice que es "la vibra", por ultimo: "que es diferente".
Mucho se ha dicho de las manifestaciones que ocurren en nuestra mente; de los circuitos neurotransmisores que se activan con nuestros pensamientos; los que en un momento pueden ser activos o positivos y también de los otros, los negativos.
Como funciona nuestra mente y con ella nuestro organismo viene siendo estudiado de manera prodiga por la ciencia; el mundo desconocido de la mente continua siendo estudiado cada vez mas y con mayor precisión. Pero la mente del hombre sigue siendo esquiva, no ayuda a conocerse a sí misma.
Los conflictos internos del hombre tiene su estadio más profundo en la niñez; este es un momento en que todos los psicoanalistas quisieran hurgar en extenso; de ahí que la tarea sea tan difícil para la ciencia. Aquí se entretejen los miedos y las manías, los afectos y los celos, las emociones y el desamparo: es el momento en que se hacen a pulso los seres que más tarde serán los ciudadanos del mundo los mas, cuando no, pueden terminar emocionalmente quebrados y bloqueados.
Pero, ¿Como se manifiestan estos seres, ayer nomas niños sanos y ahora adultos perversos? De muchas y diversas maneras.
El niño ha recibido en su formación, las vicisitudes del mundo de sus padres, pero también sus angustias, sus temores. Ha heredado de ellos lo que son, cuando no lo que quisieron ser; hay una actitud perversa del adulto tratando de volver a ser niño, de transmutar con su hijo su propia vivencia. Por ello se dice que muchos padres “viven” la niñez de sus hijos, otros traspolan sus vivencias escolares, su propia carencia de niñez, sus carencias de adolescente reviven en la adolescencia de sus propios hijos; estamos ante adultos que no aprendieron a vivir por sí mismos, por ello pretenden que sus hijos vivan por ellos. Son las agudas manifestaciones de la envidia echa emoción, por las carencias infantiles del ahora adulto; bajo el manto de querer lo mejor para su hijo, el padre no deja que este viva su propia existencia y recorra su propio camino; pretende orientarlo por el que él ha decidido es el mejor para el todavía dependiente niño; el padre oculta su propia envidia frente a la vida de alguien diferente y por lo mismo distinto de su propia individualidad.
Como se manifiestan las carencias de la niñez en los adultos, lo vemos cada día y a toda hora: la incapacidad para aceptar el cambio del mundo, y de sus propios hijos en el, se empieza a manifestar de una manera clara cuando la expresión “no quiero que crezcas”, se convierte en la frase gratuita y corriente en la vida de una familia; el adulto pretende realmente que su hijo no crezca en ninguno de los sentidos, y menos que se diferencie de él. De ahí a la violencia, solo hay un paso. Toda manifestación o conducta en contrario será sancionada violentamente: el adulto siente que no es violento, sino que ayuda al niño a no salirse del camino elegido. El niño violentado desarrollara su propia emoción interna, la que se terminara “embalsando” para romperse junto con él durante las primeras manifestaciones de la adolescencia; el niño rebelde abre su propio camino alimentado por su propio padre violento. Las disputas ahora serán directas, es la conquista de la vida propia, del camino nuevo; aquí se rompen muchas familias. El joven violentado cuando niño, tiene que romper, y al hacerlo aceptar que el camino de la violencia externa no debe convertirse en violencia interna en él; el camino es difícil, pero la disyuntiva única; lo podría llevar a ser realmente diferente. La violencia recibida actúa dentro de su propio organismo, sus neurotransmisores reciben la señal y se activan; el necesita “manejar” esta violencia, para que otra vez no se vuelva contra él y le vuelva a hacer daño, es preferible que se “malogre” alguna cosa, a recibir otra vez la misma “carga violenta” contra sí mismo.
Toda manifestación de violencia en el adolescente debe ser tratada; sino por los padres, por las personas más allegadas; de lo contrario, la violencia también será heredada y retransmitida a los propios hijos; es la señal clara de que la cultura se reproduce con sus propias convicciones. El proceso volverá a repetirse, a menos que tengamos claro, que no hay personas “diferentes”; que cada individuo es él mismo, y no la continuación de sus padres; por ello, el padre y la madre deben acompañar al niño en su propio desarrollo y educarlo para el mañana, ya que el solo ha de vivirlo y experimentarlo; el marco de experiencia compartido con él, que gracias al avance tecnológico cada día será menor, tocara entonces hacerlo grato, afectuoso y sincero.
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