jueves, 26 de marzo de 2009

¿Queremos curar al enfermo o la enfermedad?

¿Estamos en el camino correcto para resolver la crisis?

Muchos se han preguntado lo mismo durante las últimas semanas. Hay quienes anuncian haber visto el túnel. Hay los optimistas que dicen haber visto el inicio del túnel. Pero todos quisiéramos escuchar al que vio siquiera el haz de luz al final del túnel. Esa noticia no la escuchamos por ningún lado.

Que la crisis tiene varios componentes, lo sabemos. Que la historia empieza con el acto delincuencial de algunos mal llamados banqueros que engatusaron a medio mundo, ofreciéndoles productos derivados de paquetes hipotecarios de dudosa procedencia y de peor cobranza. También lo sabemos.

Pero aquí hay bastante trabajo para los académicos.

Muchos se preguntan si estamos ante un problema estructural o coyuntural. Determinar esto implicará también cual es la receta que determine el inicio de la solución.

Todos los mensajes indican que estamos frente a un problema estructural. Pero no un problema cualquiera. Aquí quien está en crisis es el modelo de crecimiento aplicado en la economía más importante del mundo: la norteamericana. Y esta crisis también ha puesto sobre el tapete el problema de valores que sacude todos los cimientos de la sociedad norteamericana, algo que ellos se cuidaron siempre de mostrar. Por lo menos eso parecía.

La crisis ha puesto al borde de la quiebra al más pintado de los bancos mundiales. Ya pasaron los días que hacían gala de ser americanos, gigantes y globales. Y es que la magnitud del desastre no dejo espacio para el marketing.

La desregulación, aquella que con tanto empeño promovieron los adalides del mercado, ha tirado por tierra en semanas lo logrado por la banca y el sistema financiero con tanto esfuerzo en años en el mundo. Hoy ya no tiene ningún defensor. Por lo menos no en el sistema. Fuera todavía hay varios. Son los eternos compradores de oportunidades. Oportunidad de aparecer en escena, no importa si ello implica nadar contra la corriente. Lo importante es la foto, aquella en la que aparecerán los eternos predicadores del camino al infierno como dicen los europeos que no ven salida por ningún sitio. Pero los banqueros saben que la banca sin confianza no existe, por lo menos eso sí está muy claro aquí y en la China.

Las inversiones “toxicas”, como finalmente se ha denominado al entuerto, han tirado abajo los balances en todas las empresas, sobre todo en las ligadas al sector bancario, financiero y de seguros. Por un tema muy simple, no solo valorización de inversiones sino, y lo más importante, en la relación que debe haber entre capital y activos. Aquí hay que tener cuidado, porque las instituciones financieras no solo han perdido liquidez con valores incobrables, sino que, al tener semejantes activos han tenido que hacer provisiones tan altas que afectan no solo las utilidades en el resultado, sino peor. Las provisiones en muchas situaciones afectan el mismo capital de la empresa, produciéndose la descapitalización total.

La solución fácil y primera que se está tomando, empezando por el gobierno norteamericano, no resuelve el problema principal. Como dirían los chinos “Se está curando al paciente sin curar la enfermedad”. Y aquí hay que tener mucho cuidado.

El mercado ha demostrado que han ocurrido irregularidades en las inversiones de muchas empresas. Inversiones que al hacerse han sido debidamente medidas en ganancias y también en riesgo. La pregunta es si por “salvar al sistema”, al mismo tiempo estamos “premiando” la ineptitud de algunos cuando no la irresponsabilidad.

Sin ir muy lejos, aquí en el Perú podríamos dar “lecciones” en este tema. Si no, recordemos lo que pasó con empresas bancarias como el Banco Latino y el Banco Wiese, que luego de ser saneadas con la “compra de cartera pesada” que hizo el estado peruano, fueron finalmente liquidado el primero y vendido el segundo. Con el beneficio que resultó a favor de los accionistas.

Ahí está el problema.

Finalmente, en la sala de urgencias tendremos que tomar la decisión de, si queremos salvar al paciente o queremos tratar la enfermedad para salvar al paciente. Porque esa actitud y esa decisión cambia toda la perspectiva del tema. Esto podría ser la diferencia entre un corto plazo exitoso y un sano largo plazo para la economía mundial y las inversiones.

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