
Dicen que en medio de las tempestades se ven las fortalezas; que en medio de las adversidades se ve el temple de los hombres. Hombres de a pié llenos de sapiencia, pero también de ilusiones, sueños y esperanzas.
Este es uno de esos momentos.
Si quisiéramos hablar de ejemplos a seguir en este mundo globalizado, azotado hoy por la más severa crisis financiera mundial que se haya visto en los últimos tiempos, éste es un buen momento para cualificar los tipos de liderazgos que de manera natural emergen a lo largo del planeta. Líderes que buscan encausar las distintas corrientes de opinión que se levantan con una alternativa de solución. Y es que la crisis financiera ha desnudado una crisis moral muy profunda, sobre todo en el escenario social norteamericano.
El Presidente Obama ha inaugurado no solo una nueva administración demócrata en el gobierno de los Estados Unidos, sino también a puesto en evidencia que el cambio político generacional que él representa trae un nuevo estilo de liderazgo: un estilo que él ha sintetizado como de: “Trabajo duro y honradez, Valor y juego limpio, Lealtad y patriotismo”.
Y esto es así, porque estamos hablando de un estilo nuevo; de uno que marca sin ambages la diferencia a la hora de liderar al país más afectado por la crisis.
Es indudable que la ética como tal existe desde toda la vida. Pero Obama la ha reclamado, y esa es la lección para la historia, como una elección del pueblo norteamericano y el único camino para recuperar la fé en la economía y la vida política y social del país. Y es que la crisis de valores de la sociedad, ha resultado más profunda que la crisis financiera. Es más, ha sido la causa principal de la misma. Ya lo dijo el Presidente Obama en su toma de mando: “La codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también el fracaso colectivo en tomar las decisiones difíciles”.
Y todo esto ha sido propiciado por una práctica consumista que ha perdido su condición ética, hasta convertirse en un exceso de especulación y terminar mostrando total falta de equidad; factores ambos adversos a la esencia liberal de lucha por el bien común y a la globalización misma.
Ahora bien, es indudable que el ciudadano norteamericano posee ahora fé y convicción en la recuperación de su país, y eso se basa en la fortaleza y sobre todo en la sapiencia que ejerce en estos momentos su líder, quien ha sabido trasmitir un mensaje de confianza y esperanza, basados en lo que significan la ética y la moral estadounidense, pero también bajo el concepto y la esencia del llamado sueño americano, esto es, “La capacidad de empezar desde cero y reconstruir juntos el país”.
Si tomamos en cuenta que los Estados Unidos como nación, cuenta con los mismos recursos: humanos y económicos de antes de su toma de mando, a Obama solo le queda eliminar con responsabilidad, todos aquellos vicios causa de los males que ahora sufre la población, de manera que al hacerlo esto ayude a restablecer la confianza y los vínculos, ahora rotos, entre los ciudadanos y su gobierno, entre el estado y la nación.
Es más, Obama ha ido más lejos. De manera enérgica ha pedido compromiso con el país y su historia. Por eso ha llamado a cada uno de los ciudadanos estadounidenses a hacerse responsables de la superación de la crisis, algo que lo legitima como líder.
Es indudable que estamos frente a una maquinaria que en corto tiempo ha sabido inspirar, a través de un modelo interdisciplinario y multigeneracional, un estilo de comunicación eficaz y rápida, reflejando el sentido de globalidad del mensaje que Obama comunica y representa por su origen, condición social y por la posición política que enarbola.
Finalmente, Obama nos plantea un ejemplo de liderazgo muy interesante, pues integra de manera coherente a varias generaciones y diversos intereses políticos, tras un programa activo de participación en la reconstrucción de su país, sabiendo además que esto afecta al mundo. Una reconstrucción material y espiritual, que se basa en los cimientos del pensamiento fundacional norteamericano.
Definitivamente, la solución de la crisis, también es una Cuestión de Liderazgo.
Este es uno de esos momentos.
Si quisiéramos hablar de ejemplos a seguir en este mundo globalizado, azotado hoy por la más severa crisis financiera mundial que se haya visto en los últimos tiempos, éste es un buen momento para cualificar los tipos de liderazgos que de manera natural emergen a lo largo del planeta. Líderes que buscan encausar las distintas corrientes de opinión que se levantan con una alternativa de solución. Y es que la crisis financiera ha desnudado una crisis moral muy profunda, sobre todo en el escenario social norteamericano.
El Presidente Obama ha inaugurado no solo una nueva administración demócrata en el gobierno de los Estados Unidos, sino también a puesto en evidencia que el cambio político generacional que él representa trae un nuevo estilo de liderazgo: un estilo que él ha sintetizado como de: “Trabajo duro y honradez, Valor y juego limpio, Lealtad y patriotismo”.
Y esto es así, porque estamos hablando de un estilo nuevo; de uno que marca sin ambages la diferencia a la hora de liderar al país más afectado por la crisis.
Es indudable que la ética como tal existe desde toda la vida. Pero Obama la ha reclamado, y esa es la lección para la historia, como una elección del pueblo norteamericano y el único camino para recuperar la fé en la economía y la vida política y social del país. Y es que la crisis de valores de la sociedad, ha resultado más profunda que la crisis financiera. Es más, ha sido la causa principal de la misma. Ya lo dijo el Presidente Obama en su toma de mando: “La codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también el fracaso colectivo en tomar las decisiones difíciles”.
Y todo esto ha sido propiciado por una práctica consumista que ha perdido su condición ética, hasta convertirse en un exceso de especulación y terminar mostrando total falta de equidad; factores ambos adversos a la esencia liberal de lucha por el bien común y a la globalización misma.
Ahora bien, es indudable que el ciudadano norteamericano posee ahora fé y convicción en la recuperación de su país, y eso se basa en la fortaleza y sobre todo en la sapiencia que ejerce en estos momentos su líder, quien ha sabido trasmitir un mensaje de confianza y esperanza, basados en lo que significan la ética y la moral estadounidense, pero también bajo el concepto y la esencia del llamado sueño americano, esto es, “La capacidad de empezar desde cero y reconstruir juntos el país”.
Si tomamos en cuenta que los Estados Unidos como nación, cuenta con los mismos recursos: humanos y económicos de antes de su toma de mando, a Obama solo le queda eliminar con responsabilidad, todos aquellos vicios causa de los males que ahora sufre la población, de manera que al hacerlo esto ayude a restablecer la confianza y los vínculos, ahora rotos, entre los ciudadanos y su gobierno, entre el estado y la nación.
Es más, Obama ha ido más lejos. De manera enérgica ha pedido compromiso con el país y su historia. Por eso ha llamado a cada uno de los ciudadanos estadounidenses a hacerse responsables de la superación de la crisis, algo que lo legitima como líder.
Es indudable que estamos frente a una maquinaria que en corto tiempo ha sabido inspirar, a través de un modelo interdisciplinario y multigeneracional, un estilo de comunicación eficaz y rápida, reflejando el sentido de globalidad del mensaje que Obama comunica y representa por su origen, condición social y por la posición política que enarbola.
Finalmente, Obama nos plantea un ejemplo de liderazgo muy interesante, pues integra de manera coherente a varias generaciones y diversos intereses políticos, tras un programa activo de participación en la reconstrucción de su país, sabiendo además que esto afecta al mundo. Una reconstrucción material y espiritual, que se basa en los cimientos del pensamiento fundacional norteamericano.
Definitivamente, la solución de la crisis, también es una Cuestión de Liderazgo.
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