
En 1944 el mundo marchaba hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Era claro que Alemania, Italia y Japón perderían la batalla final.
Estados Unidos e Inglaterra habían tomado la iniciativa para diseñar un nuevo orden económico mundial. Esto era así, porque la Guerra había demostrado no solo el poderío norteamericano, sino también las deficiencias de un mercado internacional no apto para la post-guerra. Así, los aliados decidieron establecer nuevas reglas para las relaciones comerciales y financieras.
El lugar elegido para la histórica reunión estaba en los Estados Unidos, y no podía ser de otra manera, era el único territorio aliado que no había sufrido ningún embate enemigo. La llamada Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, fue realizada en el complejo hotelero de Bretton Woods, el que finalmente le daría su nombre a los acuerdos allí alcanzados.
Era julio de 1944, las resoluciones o Acuerdos de Bretton Woods, marcarían un hito en las relaciones económicas internacionales de los países más industrializados del mundo. Así, se decidió la creación del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (después Banco Mundial) y del Fondo Monetario Internacional. Y, por primera vez, el uso del Dólar norteamericano como moneda Internacional. También se llegaría al llamado Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT por sus siglas en ingles), el que luego se convertiría en la Organización Mundial de Comercio (OMC), en 1994.
La historia nos demostró que Estados Unidos salió fortalecido de esa reunión. La que además le reconoció el poder económico que su industria bélica había desarrollado durante la guerra. El poderío de las armas quedaba ahora plasmado en un acuerdo comercial ampliamente favorable para el naciente imperialismo norteamericano.
Pero hoy, después de 65 años, la historia es diferente.
El grupo de los 20 países industrializados, también conocido como el G-20, se reúne en Londres. Que la reunión sea en Europa tiene su simbolismo, al fin de cuentas termina siendo territorio neutral, ahora que el desarrollo económico mundial tiene en China su referente más importante.
El poderío militar y económico que ostentaba los Estados Unidos está en declive. Una crisis financiera mundial y un déficit de cerca de 11 mil millones de millones de dólares, convierten a la economía norteamericana en un problema para resolver. No hay que olvidar, que ya Bush nos anunciaba en la Cumbre APEC en Lima, el inicio del cambio más importante de los últimos tiempos: “El cambio en el poder económico mundial que se traslada paulatinamente desde occidente hacia el oriente”.
El G-20 tiene ante si varios retos.
Las decisiones que se tomen aquí marcaran el escenario económico, comercial y político de los próximos años, de allí su importancia estratégica.
El mundo reclama liderazgo para enfrentar la crisis mundial, pero sobre todo, son importantes las decisiones que se asuman ahora que una sombra de proteccionismo se cierne en el escenario de las economías más importantes del planeta; con todo lo que esto puede significar y traer: guerras comerciales y más crisis.
Además, están en juego demasiadas cosas en el mundo globalizado que vivimos.
Son importantes más que nunca, que el Estado como tal cumpla su función de regulador económico y de protección del bien común, algo que hasta la saciedad el libre mercado nos ha demostrado que no puede lograr por sí solo.
La recesión mundial requiere de medidas correctivas urgentes. La Globalización, entendida como la liberalización de los mercados y su lucha contra cualquier tipo de proteccionismo, requiere una corrección que limite la acción del mercado en los países que caminan al desarrollo también llamados de economías emergentes.
El Capital especulativo mundial debe ser regulado, cuando no restringido. Los paraísos fiscales deben dar paso a una regulación efectiva que luche contra el crimen organizado y también contra la evasión fiscal y el lavado de activos.
No solo estamos frente al problema de resolver la actual crisis sino, evitar que una nueva se reproduzca en el futuro. Y eso solo se lograra con regulación financiera internacional. Además, esta reunión deberá marcar un hito histórico con relación al Cambio Climático Mundial, algo que ya nadie puede negar que exista, y que los llamados países más importantes del escenario económico mundial están llamados más que nunca a proteger.
El tiempo de tomar una acción para salvar al mundo de una catástrofe es AHORA.
Finalmente, Naciones Unidas esta llamada a conducir esta reforma, y el proceso que la dirija. Su condición Universal y su nivel de aceptación mundial la convierten en la única institución global con autoridad moral para hacerlo.
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