lunes, 30 de marzo de 2009

Cuando mi Prestigio no Vale ni Un Sol



Era un fin de semana diferente.

La ciudad esperaba con expectativa “La Hora del Planeta”. Era la primera vez que el país participaba de manera activa en un acto, simbólico es cierto, pero que pone de manifiesto que el mundo empieza a tener y a tomar conciencia de que todos nuestros actos en él tienen siempre una consecuencia. Y el país todo se sentía parte de ese mundo.

El Perú en particular, tenía este fin de semana, muy en el fondo y matemáticamente hablando de nuestros sueños y nuestras ilusiones, la esperanza que nuestro equipo seleccionado de fútbol, lograra una victoria sobre la selección chilena. Eran más las ganas de ganarles a los chilenos que el entusiasmo por el partido. Se habían juntado en este partido tantas cosas a la vez, que realmente todos queríamos ganar solo el partido por ganarlo. Y nada más.

Hacia unos días habíamos asistido a la “Cumbre de la Patadita”. Así la ha llamado el imaginario popular, tan adicto a ponerle “su chapa” a todo. Y es que nuestro Presidente, experto en lides oratorias, había utilizado su verbo para andar por ahí “metiendo la pata” en cada frase que decía y más cuando trataba de explicarnos que en realidad lo que había dicho y lo que no había dicho cuando había querido decir, y así sucesivamente; la Cantinflada total.

Cuando apareció D’Onofrio, en medio de la verborrea y el caos político, para seducirnos que sus helados eran la única solución para este otoño tan caliente que nos ha tocado vivir. La empresa con grandes anuncios por radio, TV y sobre todo internet, nos hizo conocer su novedosa oferta: los días viernes y sábado los helados que repartían sus vendedores ambulantes en triciclos estarían TODOS a solo Un Nuevo Sol. La oferta era increíble.

Llego el día esperado por todos. Era viernes y el calor se hacía sentir con fuerza para agobiarnos. Todos estábamos a la expectativa, pendientes para escuchar la clásica corneta que nos anuncia al heladero en nuestras calles. Y empezó una nueva historia “Cerca de ti”.

Los heladeros aparecieron el primer día de la famosa oferta, con la novedad que “TODO A UN SOL”, no incluía precisamente a todos los helados de la marca. Algo que de por sí causó inmediato malestar en la población, pero igual había que aprovechar la oferta. Pero lo que pasó el sábado ya fue el desastre. Los heladeros en triciclo, porque solo ellos vendían la oferta, empezaron a condicionar la venta de los helados. En muchos casos ofrecían el “combo” que incluía 3 tipos de helados diferentes. Y en la mayoría de casos, solo había los helados “en palito” como los conoce la población.

¿Qué paso? ¿Es que acaso los peruanos no merecemos que se nos trate con respeto?

La empresa heladera nos debe una explicación. Pero una que sea enteramente razonable y no la que se acomode a sus particulares intereses.

En un comunicado que parece emitido por una empresa de la competencia, D’Onofrio acepta que hubieron algunos errores motivados, por “Los heladeros en triciclo” que habrían incurrido en deslealtad con la empresa al haber condicionado la venta de sus productos a los clientes y a la falta de un buen sistema de distribución, “Razón por la cual no volveremos a hacer un oferta parecida”.

Esto significa, ¿Qué los señores de D’Onofrio no están preparados para hacer grandes ofertas a la población? No. Significa que frente a tamaño error, “la pita se rompe por el lado más débil” y terminan, de manera irresponsable, echándoles la culpa de todo el problema a los heladeros en triciclo cuando eso es algo que ellos debieron prever que sucedería.

Ejemplarizador lo sucedido con D’Onofrio.

Y aquí la empresa heladera tendrá que sacar varias conclusiones, antes que echarle la culpa a terceros por algo que ellos debieron tener entre sus cálculos y contingencias.
Es importante que los vendedores, en tanto canal de distribución y contacto con el público, tengan claras la visión y la misión de la empresa; y no solo cuantifiquen las comisiones que la relación les significa. Asimismo, es importante que al manejar el corto plazo la empresa no pierda la visión del negocio. Esto es, que la táctica que nos sirve ahora para avanzar y desarrollarnos guarde coherencia con la estrategia diseñada para afianzar nuestro mercado en el largo plazo.

Que buen ejemplo que le han dejado los heladeros a los Gerentes Comerciales y de Marketing de las empresas, para que estos se preocupen y tengan cuidado al diseñar estrategias de mercado, para que estas no terminen siendo buenos resultados económicos, pero un mal negocio para tu prestigio y tu posicionamiento en el mismo. Y menos si es TODO POR UN SOL.

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