lunes, 27 de abril de 2009

La Verdadera Revolucion Silenciosa

Cada vez son más los especialistas que a la luz de los resultados económicos del país, se preguntan si realmente estamos preparados para dar el salto cualitativo que se espera de nosotros luego de haber alcanzado cifras económicas de crecimiento sostenido. Y es que la brecha entre este y el desarrollo educativo se empieza a abrir peligrosamente con los riesgos que ello trae y significa.

Hace unas semanas con ese estilo que tiene nuestro Presidente para salir a despistarnos frente a las críticas, nos hizo saber que en lo que respecta a la Educación en nuestro país, estábamos viviendo una “Revolución Silenciosa”. Sí, claro. Solo hay que ver quien lo dice; él tan adicto a las encuestas y la popularidad mediática que su personalidad necesita, él dirigiendo una Revolución Silenciosa. Que cómico resulta el dicho. Pero ahora la pregunta que nos aborda es ¿Y si en verdad tiene razón, y estamos viviendo la llamada Revolución Silenciosa? ¿Hacia adonde nos lleva esta?

Nuestro país tiene un gran problema en la educación. Esto ha quedado evidenciado, no solo al ver las cifras que el llamado Milagro Económico nos presenta sino, al analizar las cifras que nos reportan los censos y el Ministerio del Trabajo, donde una gran demanda de mano de obra calificada se está generando junto con el desarrollo de las regiones y el país.

Pero educación significan muchas cosas. Una de ellas, tiene que ver con la escolaridad universal. Es decir, deberíamos lograr que el nivel de enseñanza inicial y primaria llegue a todo el país, desde la ciudad hasta el último caserío; esto permitirá vencer el fantasma del subdesarrollo que se esconde detrás del analfabetismo. Aquí deberíamos utilizar las ventajas que nos dan iniciativas privadas como la emprendida por la Universidad Católica y la Fundación Banco Continental, que con su programa “Leer es estar Adelante”, significan un avance ejemplar de educación y de responsabilidad social.

Los programas escolarizados de secundaria deberían tener una nueva base curricular, de manera tal que la dinámica del estudio abarque los niveles técnicos y académicos según los requerimientos de mano de obra calificada que las regiones demanden. Así, lograremos que nuestros jóvenes logren una rápida inserción en el mercado laboral de sus localidades, y no necesiten emigrar a las ciudades principales a ofertar su mano de obra.

El nivel Universitario debería ser para los más capaces y talentosos y su ingreso debería ser directo. Está probado que los exámenes de admisión solo han servido para generar rentas a las universidades y lucro a las academias e institutos, y no para lograr que los más capaces estudien. Por ello, la Universidad Nacional, en tanto responde a los intereses de la nación, debería reclutar de los colegios a sus mejores alumnos, los que previa evaluación de sus propios maestros deberían ser direccionados hacia las carreras universitarias que el país necesite desarrollar.

Para los niveles de post-grado la Universidad Nacional debería contar con un Fondo Especial que permita financiar las Becas de sus mejores alumnos en el país y en el extranjero. El Estado podrá garantizar la inclusión en este programa de los alumnos de nivel superior que las Universidades Privadas recomienden. El Financiamiento de estas becas podría correr a cargo de un grupo de entidades de carácter privado, las que lo restarían del pago de sus impuestos o con la creación de un Fondo Especial que se invierta en instrumentos que le den rentabilidad a largo plazo, hasta lograr su autofinanciamiento.

El Estado debería propiciar la creación de una entidad de carácter oficial que promueva la Educación de Excelencia de los peruanos calificados para la investigación científica y académica, la que debería fomentar la creación de la Academia de Ciencias del Perú. El financiamiento podría generarse a partir del desvío de impuestos y de la participación privada, la cual se haría de las patentes que desarrollen estudios que deriven en el desarrollo de sus industrias. El Estado debería dirigir este tema, propiciando la independencia académica y de investigación en los niveles que corresponda.

Finalmente, el país tiene que terminar de tomar conciencia que todos los caminos hacia el desarrollo pasan por elevar el nivel de la Educación, haciéndola Democrática, Científica y Nacional. Y que ningún logro económico se hará efectivo si no iniciamos un cambio profundo en la estructura educativa y que signifique una nueva Reforma de la Educación en el país.

Silenciosa o no esta es la Verdadera Revolución que el país requiere de manera urgente.

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