Los taxistas en el mundo suelen ser personas increíbles. Llenos de anécdotas nos ayudan a conocer, sobre todo cuando uno viaja al exterior, la idiosincrasia de los pueblos; pero también son un termómetro en lo que respecta a la política y al diario acontecer de una ciudad o país. Conversaba con uno de ellos camino a una reunión de trabajo, cuando muy tranquilo me expresó lo siguiente: “Humala es un mantenido, si no es Chávez es su mujer; Alan ya sabemos que es un ladrón, sino porque no saca lo de León Alegría; Toledo no puede ni con el trago; la Keiko solo quiere sacar a su viejo de la cárcel y por ultimo Castañeda, roba pero hace obra: ese puede ser”. Quede atónito por la expresión, pero después medite y me dije, si pues así piensa el país: ASÍ LO HAN CONDICIONADO A PENSAR.
Es indudable que uno habla con cualquier persona y en la connotación de su decir y su palabra puede notar muchas cosas. Una de ellas es la frase habitual ESTE PAÍS usada para referirse a nuestro país. Y es que la expresión denota exclusión: exclusión del pobre que no se siente parte del país, porque se siente excluido; exclusión del rico que no se siente parte de este país, por eso vacaciona en algún lugar fuera del Perú, aunque ahí lo hagan sentirse extranjero, en realidad el se siente extranjero en su propio país; ASÍ LA GENTE SE CONDICIONA AL HABLAR.
Durante un largo periodo, que abarca más de la mitad de la República, nuestro país se ha desangrado en constantes luchas intestinas, dirigidas cada una y a su manera por caudillos militares, aunque también tuvieron su parte los caudillos civiles. Esta sensación de desgobierno latente o de crisis permanente forma parte del imaginario popular. Tanto así que es muy común escuchar decir: al peruano “La letra con sangre entra”, por eso “Necesitamos un gobierno militar que ponga mano dura y acabe con tanto desorden”. Si ponemos las cosas así, por historia y por costumbre es obvio que el peruano NO TIENE CULTURA DEMOCRÁTICA. Y ni hablemos mejor de la democracia interna de los partidos, que estamos cerca de las elecciones internas apristas y ahí tenemos el único y mejor ejemplo de su inexistencia: ASÍ NOS HEMOS HABITUADO A VIVIR.
Cuando uno conversa en cualquier lugar sobre los temas del país, es común encontrar diferentes opciones políticas entre los amigos y conocidos; como decía mi abuelo: “Hay de todo, como en botica”. Lo que sí, es poco común encontrar tolerancia al momento de enunciar las simpatías políticas, y aquí no tiene nada que ver ni la educación ni el nivel socioeconómico. Los peruanos tenemos entre nosotros una relación llena de intolerancia que va, desde el racismo militante hasta la negación de la opción del contrario ideológico o político. En esto, la sociedad peruana ha tenido una consagración definitiva: LAS DIFERENCIAS SON LAS DIFERENCIAS, decía mi abuela. Lo irónico del asunto es que conforme avanzamos en el proceso de Milagro Económico que vive el país, las diferencias lejos de acortarse, se ahondan, convirtiéndose en un abismo insalvable de postergación y exclusión social, con las marcas imborrables que esto deja en toda la sociedad.
Así, hemos consagrado con la ayuda desinteresada de nuestros políticos, la idea que hacer política es solo para enriquecerse. Una idea que contradice la original que lucha para lograr el bien común; un fundamento filosófico que nuestra clase política no conoce ni entiende, para desgracia del país, más preocupada por llevar a la practica el juramento de luchar “Por Dios y por la plata”.
Finalmente, nos hemos preguntado ahora que nuestro gobierno enarbola como lema la lucha contra la corrupción. ¿Contra quienes luchamos? ¿Luchamos contra un enemigo externo, que quiere aniquilarnos envidiosos por nuestro avance económico, o es un enemigo interno?, ¿Luchamos contra gente que quiere destruir lo que con tanto esfuerzo hemos logrado construir en estos años todos los peruanos?, ¿En donde se han educado los corruptos que perseguimos? ¿Quiénes han formado a esta lacra que tiene un costo económico tan alto para el país?, ¿Cuánto nos van a costar estos delincuentes al erario nacional y cuántas vidas tendrá el Estado que destinar sacrificar para continuar manteniendo a la corrupción?
La lucha contra la corrupción es una tarea de todos, iniciar una campaña en este sentido debe tener paso firme. Lo que está en juego no es poca cosa. Una larga lucha por la democratización del país nos ha traído adonde estamos ahora; corresponde ahora democratizar la economía y la política, y este avance solo será posible si contamos con mano de obra calificada para afianzar el avance económico logrado y una clase política dirigente que se ponga a la altura de la responsabilidad que el país reclama: una Reforma de la Educación y una Renovación en la forma de hacer política en nuestro país son necesarias AHORA; la lucha contra la corrupción señala el camino para lograr un primer avance: La autoestima de nuestro pueblo así lo reclama.
Es indudable que uno habla con cualquier persona y en la connotación de su decir y su palabra puede notar muchas cosas. Una de ellas es la frase habitual ESTE PAÍS usada para referirse a nuestro país. Y es que la expresión denota exclusión: exclusión del pobre que no se siente parte del país, porque se siente excluido; exclusión del rico que no se siente parte de este país, por eso vacaciona en algún lugar fuera del Perú, aunque ahí lo hagan sentirse extranjero, en realidad el se siente extranjero en su propio país; ASÍ LA GENTE SE CONDICIONA AL HABLAR.
Durante un largo periodo, que abarca más de la mitad de la República, nuestro país se ha desangrado en constantes luchas intestinas, dirigidas cada una y a su manera por caudillos militares, aunque también tuvieron su parte los caudillos civiles. Esta sensación de desgobierno latente o de crisis permanente forma parte del imaginario popular. Tanto así que es muy común escuchar decir: al peruano “La letra con sangre entra”, por eso “Necesitamos un gobierno militar que ponga mano dura y acabe con tanto desorden”. Si ponemos las cosas así, por historia y por costumbre es obvio que el peruano NO TIENE CULTURA DEMOCRÁTICA. Y ni hablemos mejor de la democracia interna de los partidos, que estamos cerca de las elecciones internas apristas y ahí tenemos el único y mejor ejemplo de su inexistencia: ASÍ NOS HEMOS HABITUADO A VIVIR.
Cuando uno conversa en cualquier lugar sobre los temas del país, es común encontrar diferentes opciones políticas entre los amigos y conocidos; como decía mi abuelo: “Hay de todo, como en botica”. Lo que sí, es poco común encontrar tolerancia al momento de enunciar las simpatías políticas, y aquí no tiene nada que ver ni la educación ni el nivel socioeconómico. Los peruanos tenemos entre nosotros una relación llena de intolerancia que va, desde el racismo militante hasta la negación de la opción del contrario ideológico o político. En esto, la sociedad peruana ha tenido una consagración definitiva: LAS DIFERENCIAS SON LAS DIFERENCIAS, decía mi abuela. Lo irónico del asunto es que conforme avanzamos en el proceso de Milagro Económico que vive el país, las diferencias lejos de acortarse, se ahondan, convirtiéndose en un abismo insalvable de postergación y exclusión social, con las marcas imborrables que esto deja en toda la sociedad.
Así, hemos consagrado con la ayuda desinteresada de nuestros políticos, la idea que hacer política es solo para enriquecerse. Una idea que contradice la original que lucha para lograr el bien común; un fundamento filosófico que nuestra clase política no conoce ni entiende, para desgracia del país, más preocupada por llevar a la practica el juramento de luchar “Por Dios y por la plata”.
Finalmente, nos hemos preguntado ahora que nuestro gobierno enarbola como lema la lucha contra la corrupción. ¿Contra quienes luchamos? ¿Luchamos contra un enemigo externo, que quiere aniquilarnos envidiosos por nuestro avance económico, o es un enemigo interno?, ¿Luchamos contra gente que quiere destruir lo que con tanto esfuerzo hemos logrado construir en estos años todos los peruanos?, ¿En donde se han educado los corruptos que perseguimos? ¿Quiénes han formado a esta lacra que tiene un costo económico tan alto para el país?, ¿Cuánto nos van a costar estos delincuentes al erario nacional y cuántas vidas tendrá el Estado que destinar sacrificar para continuar manteniendo a la corrupción?
La lucha contra la corrupción es una tarea de todos, iniciar una campaña en este sentido debe tener paso firme. Lo que está en juego no es poca cosa. Una larga lucha por la democratización del país nos ha traído adonde estamos ahora; corresponde ahora democratizar la economía y la política, y este avance solo será posible si contamos con mano de obra calificada para afianzar el avance económico logrado y una clase política dirigente que se ponga a la altura de la responsabilidad que el país reclama: una Reforma de la Educación y una Renovación en la forma de hacer política en nuestro país son necesarias AHORA; la lucha contra la corrupción señala el camino para lograr un primer avance: La autoestima de nuestro pueblo así lo reclama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario