Usted conoce a un amigo que vive pensando que la vida es muy dura. A este amigo usted todo el tiempo le escucha decir que todo le sale mal, que tiene mucha bronca por aquel niño que en la escuela siempre le ganaba en los exámenes. Que vive resentido por aquel regalo que le pidió a su papá y que aquel no pudo comprar porque había perdido el empleo. Usted le escucha hablar todo el tiempo de los dolores que lo traen loco; que su cuerpo solo sabe de enfermedades y de achaques. Es muy probable que ese amigo no esté realmente enfermo; que solo tenga un conjunto de emociones que su organismo ha “somatizado”, por lo mismo, ha hecho de su enfermedad parte de su expresión emocional.
La ciencia médica ha demostrado que la ira, el rencor, los resentimientos, la venganza y la envidia, son dañinos para el funcionamiento normal del organismo humano. En medicina se entiende por síntoma o enfermedad psicosomática a toda perturbación física producida por la combinación de factores psicológicos en los órganos del cuerpo. Estas perturbaciones están relacionadas con las emociones. Así, al no pasar las emociones por los tres niveles, esto es sentirlas, expresarlas y actuarlas y además, al añadir emociones no auténticas; todo esto va a ser un estimulo no adecuado para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Por ejemplo, si usted reprimió una emoción de rabia auténtica y en su lugar busco venganza, añadió ansiedad y rencor, todo esto podría aumentar su nivel de acidez en el estómago y producir una úlcera.
La acumulación y repetición de la ansiedad produce en el sistema neurovegetativo respuestas anormales, lo que en un principio genera alteraciones funcionales, luego generará lesión en el órgano mismo. Por eso la ansiedad, el resentimiento o agresividad y la depresión deben ser tratadas a tiempo, a fin de liberar las emociones auténticas que se esconden detrás de sus manifestaciones. Por ejemplo, una enfermedad como el asma puede traer entre los niños algunas conductas que fácilmente pueden ser tratadas como expresión de emociones no auténticas en algunos casos y de emociones reprimidas que buscan en el espasmo bronquial la expresión camuflada de la misma. Aquí también hay que considerar los mensajes que enviamos al inconsciente del niño, cuando le decimos: “No corras mucho, pues sudas y te da el asma”, “No salgas al sereno, sino en la noche vas a toser”, “No te bañes mucho rato, porque te resfrías y te da el asma”, de manera tal que vivimos programando la enfermedad en la mente de nuestros hijos.
Ahora bien. Ya vimos como las emociones cuando no se canalizan correctamente o cuando se disfrazan atentan contra las personas, su relación con la sociedad e incluso contra su propia salud. Pero también existe una emoción que nos hace crecer como personas; que nos da estabilidad en nuestra relación con el mundo que nos rodea, y también ayuda a que nos sintamos bien y expresemos la alegría y la felicidad: es el estimulo del Amor. El ser humano pertenece a la especie animal, y como tal es un individuo que necesita el estimulo del Amor, con las características que este trae: la Comprensión, la Seguridad y la Aceptación; conceptos todos que nos permiten convivir y mantenernos unidos buscando un mismo objetivo: perpetuar la especie humana.
Todos estos estímulos la psicología los ha denominado transaccionalmente como caricias. Las caricias son la expresión sincera del hombre que invita a su par a sentirse bien, a sentirse comprendido, seguro y parte de algo grande: la humanidad. Por ello, también se dice que la caricia es promotora de la vida y la salud corporal, en tanto neutraliza el hambre básica del hombre: saberse y sentirse reconocido y valioso. Por eso, cada ser humano para funcionar armónicamente requiere recibir una cuota de caricias; por supuesto que esta va con la personalidad de cada persona. Así, el niño necesita una cuota de caricias de sus padres; los padres entre sí; las parejas; los hermanos, etc.
Dice la ciencia psicológica que el niño busca las caricias que lo alienten a ser feliz y mejor, pero si no las encuentra, entonces buscara las otras, las negativas. Por eso, es muy importante que los padres sepamos dar nuestra cuota de amor y de caricias a nuestros hijos. Por ejemplo, si el niño no ve a sus padres porque ambos trabajan, al no tener cubierta su cuota de caricias, es muy probable que se haga irritable por las noches buscando que su madre lo cargue y mime al llorar; claro que también podría lograr lo contrario y ser reprendido y castigado. Al niño le daría igual, porque si le pegan igual conseguiría caricias, con la distorsión que esta última significa para su emocionalidad.
Finalmente, los padres siempre deben estar conscientes de la necesidad de ofrecer caricias a sus hijos, así los niños sabrán dar caricias porque las recibieron en el medio donde viven y porque vieron a sus padres darlas. Ya lo sabemos, un beso o una caricia no solo hará sentirse bien a los seres que amamos y protegemos, sino que puede ser fuente de felicidad y además prevenir la aparición de enfermedades.
La ciencia médica ha demostrado que la ira, el rencor, los resentimientos, la venganza y la envidia, son dañinos para el funcionamiento normal del organismo humano. En medicina se entiende por síntoma o enfermedad psicosomática a toda perturbación física producida por la combinación de factores psicológicos en los órganos del cuerpo. Estas perturbaciones están relacionadas con las emociones. Así, al no pasar las emociones por los tres niveles, esto es sentirlas, expresarlas y actuarlas y además, al añadir emociones no auténticas; todo esto va a ser un estimulo no adecuado para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Por ejemplo, si usted reprimió una emoción de rabia auténtica y en su lugar busco venganza, añadió ansiedad y rencor, todo esto podría aumentar su nivel de acidez en el estómago y producir una úlcera.
La acumulación y repetición de la ansiedad produce en el sistema neurovegetativo respuestas anormales, lo que en un principio genera alteraciones funcionales, luego generará lesión en el órgano mismo. Por eso la ansiedad, el resentimiento o agresividad y la depresión deben ser tratadas a tiempo, a fin de liberar las emociones auténticas que se esconden detrás de sus manifestaciones. Por ejemplo, una enfermedad como el asma puede traer entre los niños algunas conductas que fácilmente pueden ser tratadas como expresión de emociones no auténticas en algunos casos y de emociones reprimidas que buscan en el espasmo bronquial la expresión camuflada de la misma. Aquí también hay que considerar los mensajes que enviamos al inconsciente del niño, cuando le decimos: “No corras mucho, pues sudas y te da el asma”, “No salgas al sereno, sino en la noche vas a toser”, “No te bañes mucho rato, porque te resfrías y te da el asma”, de manera tal que vivimos programando la enfermedad en la mente de nuestros hijos.
Ahora bien. Ya vimos como las emociones cuando no se canalizan correctamente o cuando se disfrazan atentan contra las personas, su relación con la sociedad e incluso contra su propia salud. Pero también existe una emoción que nos hace crecer como personas; que nos da estabilidad en nuestra relación con el mundo que nos rodea, y también ayuda a que nos sintamos bien y expresemos la alegría y la felicidad: es el estimulo del Amor. El ser humano pertenece a la especie animal, y como tal es un individuo que necesita el estimulo del Amor, con las características que este trae: la Comprensión, la Seguridad y la Aceptación; conceptos todos que nos permiten convivir y mantenernos unidos buscando un mismo objetivo: perpetuar la especie humana.
Todos estos estímulos la psicología los ha denominado transaccionalmente como caricias. Las caricias son la expresión sincera del hombre que invita a su par a sentirse bien, a sentirse comprendido, seguro y parte de algo grande: la humanidad. Por ello, también se dice que la caricia es promotora de la vida y la salud corporal, en tanto neutraliza el hambre básica del hombre: saberse y sentirse reconocido y valioso. Por eso, cada ser humano para funcionar armónicamente requiere recibir una cuota de caricias; por supuesto que esta va con la personalidad de cada persona. Así, el niño necesita una cuota de caricias de sus padres; los padres entre sí; las parejas; los hermanos, etc.
Dice la ciencia psicológica que el niño busca las caricias que lo alienten a ser feliz y mejor, pero si no las encuentra, entonces buscara las otras, las negativas. Por eso, es muy importante que los padres sepamos dar nuestra cuota de amor y de caricias a nuestros hijos. Por ejemplo, si el niño no ve a sus padres porque ambos trabajan, al no tener cubierta su cuota de caricias, es muy probable que se haga irritable por las noches buscando que su madre lo cargue y mime al llorar; claro que también podría lograr lo contrario y ser reprendido y castigado. Al niño le daría igual, porque si le pegan igual conseguiría caricias, con la distorsión que esta última significa para su emocionalidad.
Finalmente, los padres siempre deben estar conscientes de la necesidad de ofrecer caricias a sus hijos, así los niños sabrán dar caricias porque las recibieron en el medio donde viven y porque vieron a sus padres darlas. Ya lo sabemos, un beso o una caricia no solo hará sentirse bien a los seres que amamos y protegemos, sino que puede ser fuente de felicidad y además prevenir la aparición de enfermedades.
yo quiero cuales son las enfemedades emocionales como el estres y no me se mas ushiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii saquen algo bueno
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