“El talento no cae del cielo”.
Esta ha sido una frase que escuché muchas veces. La última, utilizada por mi ex-jefa días antes de tomar importantes decisiones. Una de las cuales involucraba la salida de personal de la planilla de la empresa.
Si pues, el talento no gotea.
Hace algunas décadas, uno de los padres de la Administración y artífice de su desarrollo acuñó la famosa frase en una magnifica entrega, que llegó a nuestras librerías como “LAS GUERRAS DEL FUTURO”
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Y es que la lucha por el talento, así llamada y pensada es una agresiva versión de la lucha por el control del saber en plena era del conocimiento.
Y es que la lucha por el talento, así llamada y pensada es una agresiva versión de la lucha por el control del saber en plena era del conocimiento.
Que algunas empresas tienen ahora mayor conciencia del valor que aportan las personas, es cierto. Que algunos directivos en las empresas entienden ahora mejor el tema, también.
Vista las cosas así, se puede pensar que empezamos a creer y sentir que los empleados dejaron de ser un medio para convertirse en el centro y la razón de ser del desarrollo principal de la empresa.
Hacer crecer y desarrollar al recurso humano resulta, en los tiempos actuales, un ejercicio indispensable en las empresas, y toda una teoría de la Responsabilidad Social.
La crisis actual nos puede dar algunos alcances de lo que puede significar la lucha por retener y desarrollar talento al interior de las organizaciones. Y es que los cambios originados a nivel mundial marcan su influencia, por efectos de la globalización, pero también por el fenómeno todavía vigente de la fuga de talentos que se origina en los países de economías emergentes hacia los países desarrollados y con alto desarrollo tecnológico.
En el mundo de hoy existen pocas empresas que dedican esfuerzo y recursos económicos para el desarrollo del talento humano en la organización, como parte de una estrategia general del desarrollo del negocio. Pero que las hay, efectivamente las hay.
En Europa y sobre todo en el Japón, artífice del tema, el desarrollo del talento está asociado al desarrollo de la empresa como tal y del individuo como miembro del entorno directo.
Por supuesto que en medio de la Globalización, la guerra desatada por ubicar y desarrollar talento no es ajena a los conglomerados internacionales diseminados por el mundo. Lo que si llama la atención, es la diferencia que existe en el trato y el procedimiento que tienen algunas oficinas locales respecto del tema, si se les compara con sus oficina matrices. En algunas situaciones, irónicamente, los conceptos y su tratamiento no solo no son los mismos, si no que hasta llegan a ser diferentes o contrapuestos entre sí. Algo muy interesante de analizar, pues con Drucker diríamos, que una decisión tomada por la dirección que no es compartida ni entendida por ella es simplemente pérdida de energías y tiempo, porque finalmente no se hará nada.
Como en la versión de algunos de nuestros adanes políticos, cambiar todo para que no cambie nada o mejor, hacer una comisión investigadora para que la investigación se diluya.
Así las cosas, simplemente diremos que la situación pinta bonita, pero la Guerra por el Talento en nuestro país recién empieza. La migración masiva de profesores de Universidades Públicas hacia las privadas es el primer síntoma de ello y marca una tónica. Y pensar, que alguien creyó de manera ingenua que poner como Ministro de Educación a un exitoso administrador de la educación privada, resolvería los problemas de la Educación en nuestro país.
La Guerra por el Talento dependerá también de nuestra Clase Política, de la Intelectualidad del país y del rol que las Universidades quieran jugar en el desarrollo del Talento que nuestro país necesita. Más ahora que entramos al círculo virtuoso de ser un país de Milagro Económico, con todo lo que ello trae y significa.
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