La crisis financiera global ha puesto en entredicho muchos supuestos que se daban como verdades irrefutables, sobre todo en lo que se refiere a las relaciones de las personas con las empresas. Por ejemplo, aquella que dice que “Nadie es necesario, todos somos prescindibles”. La práctica, como máximo criterio de verdad, nos está demostrando en plena crisis el valor del talento y la necesidad de preservar en las empresas lo que la ciencia de la administración denomina El Capital Organizacional.
Así, la crisis actual está evidenciando en muchas empresas la falta de una dirección estratégica a la hora de preservar el capital humano que se ha estructurado al interior de la organización y de generar y consolidar éste como un valor de la misma.
Si nosotros consideramos que las personas generan valor para las empresas, esto es, que la competencia, actitud y capacidad para innovar de una persona al interactuar dentro de la misma la hace también crecer; la empresa debería buscar que preservar ese personal porque es un capital que se está estructurando dentro de ella y por lo general termina generando relaciones y rutinas que finalmente conforman un gran capital organizacional. Es lo que los estudiosos de la administración denominan El Capital Estructural Organizacional.
La crisis actual que ya descapitalizó económicamente a muchas empresas, ahora también viene provocando una seria descapitalización intelectual en las organizaciones. Y es que algunas empresas, al verse forzadas a prescindir de sus trabajadores, terminan afectando también su capital intelectual.
Por eso, hoy se impone una revisión en la dirección estratégica de las organizaciones, que contemple un área para la gestión del conocimiento en la Gerencia de Recursos Humanos. Esta área deberá suplir la necesidad de gestionar debidamente el valiosísimo patrimonio intelectual que se está generando en la organización, que se está convirtiendo en su capital de conocimiento y en su intangible más importante. Siendo así, el área de Recursos Humanos se convierte en una de las más importantes de la empresa en tanto identifica, mide, evalúa, capacita, cuantifica, renueva, incrementa, gestiona y relaciona a las personas y a las inteligencias al interior de la organización.
Además, sería interesante considerar que el capital intelectual de la organización está conformado por una combinación de tres capitales: el humano, el estructural y el relacional, y que juntos se convierten en el activo intangible más valioso de la organización. Así, el capital intelectual personal se asocia y crea el estructural y juntos, al interactuar en la empresa, generan el relacional. El intangible ideal: actitud, aptitud y capacidad de las personas, todos juntos enlazados en los procesos y sistemas organizativos de la empresa. Nadie podría querer algo mejor.
Además, este activo intelectual pertenece a la organización, a diferencia del capital humano que es de la persona. Así, lo que la crisis nos deja como tarea del presente es que la empresa se esfuerce en retener el talento que se expresa en capital humano, transformar éste en capital estructural para así enriquecer el capital intelectual de la compañía y administrar ese conocimiento para generar un aprendizaje sostenido dentro de la organización, que facilite y haga perdurable el flujo de conocimiento dentro de la misma.
Así, la crisis actual está evidenciando en muchas empresas la falta de una dirección estratégica a la hora de preservar el capital humano que se ha estructurado al interior de la organización y de generar y consolidar éste como un valor de la misma.
Si nosotros consideramos que las personas generan valor para las empresas, esto es, que la competencia, actitud y capacidad para innovar de una persona al interactuar dentro de la misma la hace también crecer; la empresa debería buscar que preservar ese personal porque es un capital que se está estructurando dentro de ella y por lo general termina generando relaciones y rutinas que finalmente conforman un gran capital organizacional. Es lo que los estudiosos de la administración denominan El Capital Estructural Organizacional.
La crisis actual que ya descapitalizó económicamente a muchas empresas, ahora también viene provocando una seria descapitalización intelectual en las organizaciones. Y es que algunas empresas, al verse forzadas a prescindir de sus trabajadores, terminan afectando también su capital intelectual.
Por eso, hoy se impone una revisión en la dirección estratégica de las organizaciones, que contemple un área para la gestión del conocimiento en la Gerencia de Recursos Humanos. Esta área deberá suplir la necesidad de gestionar debidamente el valiosísimo patrimonio intelectual que se está generando en la organización, que se está convirtiendo en su capital de conocimiento y en su intangible más importante. Siendo así, el área de Recursos Humanos se convierte en una de las más importantes de la empresa en tanto identifica, mide, evalúa, capacita, cuantifica, renueva, incrementa, gestiona y relaciona a las personas y a las inteligencias al interior de la organización.
Además, sería interesante considerar que el capital intelectual de la organización está conformado por una combinación de tres capitales: el humano, el estructural y el relacional, y que juntos se convierten en el activo intangible más valioso de la organización. Así, el capital intelectual personal se asocia y crea el estructural y juntos, al interactuar en la empresa, generan el relacional. El intangible ideal: actitud, aptitud y capacidad de las personas, todos juntos enlazados en los procesos y sistemas organizativos de la empresa. Nadie podría querer algo mejor.
Además, este activo intelectual pertenece a la organización, a diferencia del capital humano que es de la persona. Así, lo que la crisis nos deja como tarea del presente es que la empresa se esfuerce en retener el talento que se expresa en capital humano, transformar éste en capital estructural para así enriquecer el capital intelectual de la compañía y administrar ese conocimiento para generar un aprendizaje sostenido dentro de la organización, que facilite y haga perdurable el flujo de conocimiento dentro de la misma.
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